La estación (introducción)

Todo hecho que merece la pena ser contado, empieza con un hecho detonante. En el caso de hoy es un viaje. Los de condición viajera y aventurera comprenden este, por el contrario; los apocados, los que no quieren salir de su zona de control, soñarán con esa valentía. Espero que unos y otros me acompañen en este relato, porque ya se sabe o se dice, los cobardes se mienten a sí mismo, pero los valientes callan y actúan…

Continuará…

(#TÚmiPOEMA)

Allá donde estés… te amaré, te amo y te amé….

porque las verdaderas cicatrices no se olvidan,

Porque la memoria no es selectiva,

Poesía ya no es la medicina

Las fotos de las puertas

Dejan entrar los barros de ayer.

Son amores fugaces, tan vehementes

Como la ilusión de una reanudación

el final del verano….

Una infinita semana

para este final del verano.

Como una ecuación irresoluble,

de incógnitas insospechadas,

de sábanas vacías y sin arrugas,

de despedidas sin adiós,

así se queda mi sombra.

La tenue calma de la noche estival

antes de que se rompiese ese silencio cómplice,

tras la lucha de nuestros cuerpos desnudos y sudorosos,

desapareció. No; simplemente dejó de existir.

Los rescoldos de aquel fuego de verano

es lo que calentará al frio que llega,

es lo que iluminará esas noches de otoño

es lo que entretendrá a la irremediable nostalgia.

No puede ver algo más bello, que un amor de verano,

que el recuerdo infinito de lo que pudo ser y fue,

que el sonido de tu risa inocente,

que el aroma que dejaste en mi piel,

que las silenciosas miradas de miel,

que la cicatriz que adorna ahora mi ser.

(…. porque las más bellas historias que deben ser recordadas acaban siempre en melancolía.)

un precisos atardecer en Baza, Granada

Welcome autumn

Aquella mañana amaneció soleada, -¡que locura!- pensó mientras decidía si cogía una chaqueta o no. El tiempo parecía apacible, pero la brisa traía un aroma a tierra mojada, a hierba húmeda y a césped recién cortado.

Ya los pequeños infantes, ocupaban el ancho de la acera. Todos en fila india. Dirigiéndose al templo del saber para ser formados. Le llamó la atención aquel chiquillo que tiraba de su mochila, casi era más grande que él. Un esfuerzo hercúleo para un cuerpecito tan menudo. Seguramente estaría cargada de material escolar, pero también de sueños y juegos… o eso quiso creer.

En aquella mañana, el recuerdo de los días de playa y sol con Karen quedaban ya lejos. Días de sol, protector y una lata de cerveza, mientras sus jóvenes cuerpos se tostaban al sol inclemente de la bahía. El olor de la leña de los distintos restaurantes le abría el apetito.

Pero aquellos días ya estaban lejos. Solo quedaba eso, recuerdo. Aquella mañana se dio cuenta de lo mucho que deseaba volver de nuevo a aquella playa, donde las pesadillas, los reproches y los miedos no tenían cabida, pero la vida sigue amigos… y aquella playa ya quedaba lejos.

Pero lo que más extrañaba, era esa forma tan especial de besarlo. Esa forma tan infantil de cogerle la mano con decisión y llevarla a su vientre, como si reclamase ese cariño que por timidez no se atrevía a dar.

Fue un principio de otoño suave, sin vislumbrar, lo que acontecería…. Al abrir la puerta de la clase de último año de universidad, ya no quedaba ningún sitio libre al final. Siempre le gustó sentarse al final. Solo quedaban sitios en primera fila. -Bueno, es lo que toca- se dijo.

Al sentarse apresuradamente, tiró todo el material que había encima de su silla. La chica de al lado se volvió para recriminarle…

¿Karen?- dijo él.

Por es; los principios de otoño siempre me han gustado; es el inicio de una nueva etapa, además que se inicia el curso. Para mi, es la continuación bucólica del verano. Siempre me ha pasado algo precioso a principios de otoño.

Dedicado a ti, si, a ti.

(no hace falta que te nombre pequeña)

…regreso a las aulas

La madrugada se diluye y deja paso a un tímido amanecer

que despunta detrás de esos pisos blancos.

Como un ciclo que no cesa,

aparece la mañana después de la noche

como ha sido siempre.

El cambio de estación se aproxima,

¿Por qué parece que hoy el sol no quiere madrugar?

Remolonea la noche como el niño que soy

En el ambiente se olfatea a cuadernos nuevos,

a lápices recién afilados, a cola de pino,

a goma de borrar y zapatos limpios,

a estuche de colores y merienda envuelta en aluminio,

a toboganes de acero y columpio rojo.

Esos pequeños infantes que se dirigen a la escuela,

con sus uniformes planchados y almidonados,

con sus mochilas cargadas de historias estivales.

Ay… ¿Dónde quedan esas mañanas de verano que ya se fueron y no volverán?

(dedicado a los primeros días de clase)

mi colegio…. (Colegio Colon, Córdoba, España)

Llueve

La ejecución de aquel adagio en G menor de Tomasso Albinoni, fue la peor interpretación de Chelo y cuarteto de Chelo que Natalie a sus pocos años al frente de aquel proyecto, había escuchado. Muy enfadada, miró a los distintos integrantes de aquel cuarteto y no pudo esconder su decepción entre aquellos rizos castaños de su rostro.

Muy a su pesar, se giró dándoles la espalda y procedió a recoger las partituras y batuta que descansaban en el atril que encabezaba la sala de ensayos del conservatorio. De espaladas murmuró… -Yo no me merezco esto- con una voz muy suave y pausada, para alzando la voz,

-Doce años, ¡si señores! Doce años llevo como directora y jamás habían sentido mis oídos maltratar tanto a una obra de tal belleza, que sí el propio compositor lo escuchase, lloraría de pena. No captan la esencia-.

Se volvió, clavó su mirada en el infinito de la pared del fondo y sus ojos como si de una fugata en mi menor se tratase se dirigieron hacia la puerta. A continuación, sus pies la siguieron, dejando a las personas allí, con una cara de estupefacción y congojo.

Durante el trayecto que iba de aquella minúscula sala de concertinos del Conservatorio Mayor de Roma y la salida del edificio, su mente ordenaba las notas, el tempo y los distintos ritmos, los compases y pausas, en las que las distintas partes de aquella pieza deberían haberse ejecutado. -Cada vez son más jóvenes, más inexpertos y menos disciplinados- pensó.

Para Natalie, la música, no solo era música, era pasión, pero también era sacrificio, tesón y sobre todo, era la única forma que conocía para que su mente le engañara y pensara que sí, por qué no decirlo, que se sintiera ingrávida al ejecutarla, que flotara como aquellas invisibles notas de las que se componían sus más admiradas piezas.

La estampa de Natalie parecía sacada de cualquier película de los ochenta. Su vestimenta aunque sobria, no le caía nada mal y realzaba su figura. Pero su forma de llevar sus “papelotes”, como ella llamaba a sus apuntes y partituras, parecían más bien la de una colegial rebelde. Todo mezclado, arrugado…. Será cosas de genios, nunca prestan atención al continente, sino al contenido.

Al cruzar la puerta de salida del Conservatorio, el agua caía como si el cielo se le hubiese roto el bajante de desagüe de todas las nubes de la atmosfera. Hacía años que no llovía tan copiosamente y constante en Roma. A pocos metros, se encontraba el paso para peatones para cruzar al otro lado de la calle y recoger su coche con la bandera de la UK pintada en el techo.

Cogió sus papelotes y a modo de parapeto improvisado para no mojarse, se cubrió con ellos la cabeza, mientras con la otra mano sostenía las llaves del coche. Al salir trotando para evitar mojarse, dio un mal paso y perdió el equilibrio. Aunque pudo salvar el primer paso que la bajaba a la calzada, no se percató en mirar…

Un derrape de neumáticos sobre la calzada de adoquines mojada seguido del ruido de un golpe sordo, se escuchó en aquella calle. Por un instante la vida pareció pararse y lo único que se escuchaba era el silencio que precede a los gritos de los viandantes. El cuerpo de Natalie, estaba sobre la calzada al ser atropellada por un utilitario azul. El rugido de las ambulancia corriendo por la vía Máxima, no cesó hasta que llegó a donde Natalie estaba; tirada como un muñeco de trapo y brotándole sangre se su cien.

Jake, el conductor del Renault, se quedó paralizado. No sabía de donde había salido aquel cuerpo; entre el agua que caía y el rojo de la sangre dejada en el parabrisas estriado por el golpe, lo dejaron en shock.

A los pocos segundos reaccionó y de un brinco abrió la puerta. El olor a tabaco de su coche se mezcló con el olor a la tragedia que se respiraba en aquel paso para peatones. Sin saber muy bien que hacer y por puro instinto, auxilió a esta. Presionó la herida de la cabeza en un vano intento que dejara de sangrar. Sus manos se enrojecieron. Aquella imagen le perseguiría por mucho tiempo. Temblorosas y arrugas, no dejaba de ver la sangre como brotaba.

El tiempo que transcurriría entre el accidente y la llegada de la ambulancia, a Jake, se le hizo eterno, no quería mirarla, pues la sangre le mareaba y era un tanto aprensivo, pero el valor, algunas veces nace en los más cobardes y con una mezcla de este o por sentimiento de culpa y responsabilidad se obligó a mirar. Pensó- he atropellado a uno de los hijos de Dios- dijo para sí.

Cuando la ambulancia llegó, parecía que hubiese pasado una hora, pero solo habían transcurrido siete malditos minutos. De un empujón, uno de los sanitarios lo apartó, mientras otro lo miró a los ojos interpelando a Jake, que ahora no era su momento, sino el de ellos.

A Natalie la estabilizaron en el asfalto húmedo y frio del accidente. Mientras tanto, al otro lado de la calle, a Jake, le tomaba declaración un joven Gendarme, obsesionado con hacerle la prueba de alcohol y drogas a lo que Jake, no se opuso.  El gendarme le dijo;

-Huele a alcohol-

Jake respondió, -¡yo no bebo! ¿No se ha dado cuenta?

-¿Del qué?- Respondió secamente el gendarme.

-Voy vestido de negro.

-¿Y qué significa eso?, ¿acaso es Uds. un gótico?

No…

El gendarme no se dio cuenta, pero llevaba los pantalones de hilo negro con una sola raya, zapatos de cordones cerrados y negros y una camisa abotonada hasta la garganta de color negro y alza cuello blanco. Jake era sacerdote. Ese mismo día llevaba su renuncia a la curia, pues su vocación hacía tiempo que se tambaleaba. Después de aquello, el tipo vestido de azul, lo miró y con cara de persona que acaba darse cuenta de que es imbécil, se apartó y se despidió diciendo;

-Señor James Carrasco, tengo sus datos. Si hay algo más, la Comisaria se pondrá en contacto con Uds.-

Con los pocos arrestos que le quedaban volvió aquel Renault de la Archidiócesis y lo arrancó, le costó, fue de forma dubitativa, pues en todo el tiempo de la situación descrita, las luces del coche no se habían apagado. Es como si el coche expresase de forma consiente como era el estado de ánimos de Jake.

Al llegar al Obispado, el secretario de su ilustrísimo Monseñor Smith le estaba esperando y lo hizo pasar con el Obispo. Al entrar en aquel despacho demasiado opulento para el gusto jesuita de Jake, el Obispo levantó la vista de los documentos que tenía en su campo de visión y con un movimiento de cabeza le indicó que pasara y se sentara. Recorrió la estancia con pasos firmes y rápidos, quería terminar con aquello lo antes posible y dirigirse al Hospital donde estaba la chica que había atropellado momentos antes.

Monseñor Smith, se tomó su tiempo. En realidad hacía tiempo que había dejado de prestarle atención a lo que estaba haciendo, solo quería crear un silencio incomodo; lo miró con cara inquisidora, como sí supiese todos sus secretos y eso lo pusiera en una situación superior al conversar. Jake, no estaba para aquello, no aguantaba más con esa actitud de superioridad, que algunos miembros de la exquisita nobleza de la iglesia tenían. No terminaba de encajar aquel aire de arrogancia. Él, había tomado los votos para ayudar, no para alejarse de la realidad y esconderse en una torre de marfil o cristal. Seguía sin entender la organización, pero amaba ayudar y entregarse a los demás.

Antes de que Monseñor Smith dijese nada;

-Ilustrísima, acabo de tener un accidente de tráfico y…- rompió aquel silencio Jake.

-¿Qué? ¿Se encuentra Uds. bien?

-Si Ilustrísima.

-¿De verdad? Esta conversación la podemos tener mañana o el domingo. Entiendo que se encuentre nervioso y lo que me tenga que decir puede esperar. Tómese su tiempo para refelexionar.

-Se lo agradezco Ilustrísima.

Jake se levantó y de un movimiento rapidísimo, se giró encaminándose para la puerta.

-Espere, tome su carta y reflexione sobre lo que me viene a exponer- dijo el Monseñor Smith sin dejar de mirar de nuevo los documentos que tenía delante de sus ojos.

Al oír aquello, Jake se giró hacia el ministro de la Iglesia y vio que aquella escena era un tanto forzada, no le importaba ni lo mas mínimo, solo era un peón en aquella partida de cartas. Ahora acaba de darse cuenta de que su decisión era acertada y que ya estaba evaluada, meditada y tomada….

-Será demorarlo unos días más-, pensó Jake.

En la sala de urgencias del Hospital

Jake esperaba noticias del médico que había atendido a aquella chica. Su familia estaba sentada a su lado, pero ninguna de las partes lo sabía. El médico, tras varias horas, salió. Con la cara cansada después de un largo turno, les dio noticias sobre el estado de Natalie. Se encontraba en coma, estable, pero en coma inducido, mientras la inflamación de su cerebro bajaba. Aún no sabían que daños o secuelas podría tener….

Aquello cayó sobre el padre de Natalie como un salvavidas. –Vive- se dijo para si. En cambio la joven esposa del padre de Natalie miró y con una falsedad patente, dio gracias a Dios por aquella noticia que tanto le incomodaba; por tener alguien que le disputaba la atención de Antonie. Este, por primera en varias horas, se percató de la presencia de Jake. Lo vio con aquel atuendo que le recordaba a un sacerdote recién salido del seminario. Le pregunto;

-Perdone, Uds. ¿es?

-Soy Jake. Perdóneme, soy el responsable del accidente, no sé muy bien como ha ocurrido. Soy muy prudente conduciendo, pero…

Le interrumpió Antonie, – No se preocupe- Con su natural compasión y respeto ante un sacerdote y debido a su ferviente fe, continuó. -Siéntase tranquilo Padre. Estas cosas pasan, además que mi hija es un tanto despistada.

-Si me lo permite, me gustaría venir a visitarla.

-Claro Padre, cuando Uds. quiera.

-Los primeros días,- pensó la madrastra de Natalie, -vendrá y luego como todos estos mea pilas, dejará de venir porque encontrará otra asunto de Dios más importante o más atractivo-. La nueva esposa era algo incisiva y de carácter malvado. Ella intuía que este curita, lo único que pretendía era quedarse con la fortuna por compasión de Antonie… Eso ella no lo podía permitir. Pero se equivocaba….

Los días fueron cayendo del calendario de forma incesante. Jake, se sentaba en una silla de aquella habitación monitorizda, con tantos cablecitos y respiradores, que producían una música tecno a su juicio. En la cama, Natalie, como si de un tocado egipcio se tratase, seguía con parte de su cabeza vendada por la intervención. Permanecía con el respirador y con los ojos cerrados. Mientras tanto Jake, con aquel rosario de madera traído de Belén, rezaba una y otra vez en sonata de letanía por la pronta recuperación de esta.

Una de las tardes, el padre de Natalie, le dijo de forma dura pero educada que no volviese más. Jake intuía que detrás de aquello se encontraba la nueva esposa. Habían decidido trasladar a su hija a una clínica en el norte y esos serian de los últimos días mientras gestionaban el traslado.

– Le agradezco enormemente su preocupación y dedicación-. Dijo Antonie. Parecía que le hubiese cogido cariño. Ninguno sabía lo que se acontecería en los siguientes días… no, todavía Natalie no despertaría…

Dicho esto, Jake aprovechó para decirle a Natalie, -ya no volveré tan a menudo. Los médicos me han informado, que todavía tardarás en recuperarte. Tu papá ha decidido trasladarte. Me hubiese gustado pedirte perdón cuando despertaras, pero veo que no va a poder ser.

-El estado de Natalie parece irreversible. Aunque respiraba ya con autonomía; que despierte o no, no se puede prever.- Los ojos de Antonie, se humedecieron, pero no llegaron a llorar

-Lo entiendo,- acertó a decir Jake, -pero si no le importa seguiré viniendo hasta que sea trasladada…

Antonie, asintió con la cabeza, para posteriormente girarse y marcharse de la habitación. No miró a su hija. Esa sería la última vez que se verían. Antonié moría de un infarto días después. Una de las enfermeras de la planta del hospital se lo comentó de pasada a Jake.

Aquella tarde, la quebradiza la voz de Jake se lo hizo saber… no podía ocultarle a Natalie aquello. Nadie entendió cómo o por qué le hablaba a una comatosa, pero se sentía en la obligación de contárselo todo.

Toda la planta esperaba que Jake dejara de asistir todas las tardes a visitarla. Él en cambio, seguía volviendo todas las tardes, cuatro horas; como si de una cita con una amada se tratase. Seguía el mismo ritual. Se sentaba, cogía su rosario y rezaba… rezaba… pero ya no sabía por qué rezaba, si por la curación o por la salvación de su alma, por el perdón de sus sentimientos… eso decídanlo Uds. queridos lectores.

Al faltar un familiar de Natalie, el médico le daba ya los informes a Jake y del propio Hospital se instó expediente para que se le concediera la tutela a Jake. Fue bastante fácil al ser un sacerdote.

Una joven enfermera que le hacía ojitos a Jake, y con el afán de tener una conversación que fuese más allá de un saludo educado, le comento, que para estos casos era importante que escuchase una voz familiar. Jake decidió entonces dejar de orar y leerle en voz alta algún libro.

Un espasmo en la cara de Natalie hizo creer a este que esbozaba una sonrisa. Eso lo motivó. Como sabía que le gustaba la música, empezó a leerle biografías de grandes compositores. Cuando se terminó la lectura y ya no se le ocurroa nada, empezó a relatarle pequeñas historias creadas por él. Es por eso por lo que todavía es recordado en aquel hospital.

Los meses, luego los años… siguieron pasando y los pequeños cuentos que le contaban no cesaron. Lo hacia para ver de nuevo aquella pequeña sonrisa casi imperceptible, pero que tanto le consolaba. Eso le llenaba de esperanza y desde que se produjera, no dejó de recitarle historias y cuentos que se inventaba entre el camino de su nuevo destino en los archivos del obispado y el Hospital. Treinta minutos a pie, que le servían para renovar sus pulmones llenos de nicotina y polvo del destino con el que “le había premiado” el Monseñor Smith por su dedicación….

La salud de Jake, se empezaba a resentir… y una tarde entre las seis y las diez, se desmayó y cayó a plomo en la habitación de Natalie. Como era ya un visitante muy conocido del Hospital y en más de una ocasión había asistido aquellos desahuciados de la planta mucho mejor que el capellán destinado en el Hospital, los cuidados  no fueron pocos. Siempre había tenido una palabra amable y cordial para todos sin distinción de clase, género o condición…. Ahora tocaba que su dios, devolviese ese favor… Todos se volcaron, pero Dios hizo el favor de devolver amabilidad por amabilidad, no salud por salud.

El diagnostico no tardó en llegar, se hacia patente; un enfisema agudo que había producido un cáncer, Para Jake, no había excusa; no faltó ningún día a su cita con Natalie. Todos lo sabían, pero nadie, lo decía, no era devoción…era amor… con tantas horas leyéndole, escribiéndole y rezándole. Jake se había enamorado…. Por eso nadie le impedía que incluso con aquel horrible pijama, con aquel imposible diagnóstico, fuese a leerle la composición que le había escrito. Se notaba ya en su dicción, que poco quedaba ya para él.

Unos meses mas tarde…

Los ojos de Natalie, se abrieron y se percató de la silla que estaba los pies de su cama…. Una extraña sensación se apoderó de ella… la Sintió como cercana, como si alguien muy amado por ella, se hubiese sentado allí y la hubiese acompañado en aquel sueño del que se despertaba.

Jake hacía seis meses que había “dejado plantada a su amiga”. Al preguntarle semanas después a Natalie, como se sentía después de siete años en coma, ella dijo;

-No le puedo decir; es como si hubiese pasado ahora mismo. Sentía, una voz que me hablaba, me contaba cosas y de fondo sonaba el Concierto para oboe en re menor, S D935, de Alessandro Marcello. Ahora extraño esa voz que me acompañaba y siento como si hubiese sido parte mía…. Es como si la lluvia de aquella tarde hubiese diluido mis preocupaciones por la interpretación de mis alumnos… pues la lluvia como aquella voz, diluye todas mis preocupaciones-. Natalie tenía la impresión de que no cesó de llover durante esos siete minutos, horas, días, meses, o años….

El tiempo es relativo al amor, como el agua en una tarde de lluvia en primavera…

La carta (V parte)

Como empezamos en la primera parte de este relato; un mensaje no es solo la información que lo contiene, sino la reacción que va  a producir en quien lo lee. Por eso, al ser la última carta que se expondrá en este, es importante ver los matices, las pequeñas señales y sobre todo, los indicios que en ella se señalan. Aunque como todo en este relato, aunque se ha planeado que sea la última que se expone, tal vez no sea la última. Así que querido lector, póngase cómodo y prepárese para leer a mi juicio, una bonita “carta”

Tras la llamada interrumpida con Alejandro; Joaquín se estaba preparando para salir a la playa y acudir a su cita de todos los sábados. Después de casi más de treinta años, aquella mañana dudaba en bajar. Era la primera vez que sentía dudas, tal vez fuese, porque ahora tenía un amigo en el que poder desahogar sus sueños, anhelos y preocupaciones. No, no era eso, cada día se veía un poco más viejo, más anciano, pero su esperanza aún estaba joven, con ganas de seguir a delante. Simplemente le estaba echando un pulso al tiempo y jugaba al juego de la paciencia con el reloj.

Tras preparar sus cosas, se sintió algo turbado. Pensó –me he levantado demasiado deprisa, te estás haciendo viejo amigo-. Su cabeza sintió un pequeño mareo, perdiendo pie y tropezando. Sus piernas parecían que no lo sostenían y súbitamente sintió la necesidad de cerrar los ojos. La negrura apareció en su campo de visión, seguido de un fuerte dolor en la sien, que desapareció súbitamente.

Este dolor dio paso a ver como una mujer correteaba por la playa hacia él. No podía ver muy bien quien era. Abrió sus brazos, pero no conseguía ver su rostro, pero si sentir su cálido abrazo, sus húmedos labios tocando los suyos. -¿Ese olor?- Si lo recordaba, no sabía muy bien donde, pero le transmitió paz, calidez y emoción. Era el olor de Rosse.

En la casa del farero, un cuerpo se encontraba tirado en mitad de la sala. Su respiración era quejosa, pero aun había restos de vida en él. Su posición era la de alguien que ha perdido el sentido y quedó boca abajo. Su mano izquierda se dejó caer sobre el cable del teléfono. Un movimiento inconsciente hizo que este se desconectara, dejando la línea abierta….

En la mesa, de aquel comedor donde había cenando tantas veces solo y unas pocas con Rosse, se encontraba listo para ser enviado otro mensaje, otra carta, para ser entregada a la mar y que este fuese esta, el mejor cartero posible para su notificación. La botella azul de siempre, a modo de sobre y los distintos utensilios de cera y sellante, para ser cerrada herméticamente. En ella se podía leer;

Mi querida Rosse:

Como otro año más, deposito en la mar esta carta. Esta vez no será de ninguno de tus bocetos que dejaras aquí. Con el tiempo me han hecho compañía y me han ido consolando la desilusión de esperar día tras día la espera de tu llegada.

Acabo de darme cuenta que el próximo sábado harán treinta y dos años que te fuiste, tiempo suficiente para olvidar, tiempo suficiente para superar, tiempo suficiente para renacer, pero no he sido capaz; no he querido hacerle eso a mi esperanza a mis sueños.

Sé que fueron pocos meses juntos, que tal vez fuese un amor de dos adultos que se encontraron, pero yo no quiero olvidar. ¿Sabe? Siempre me he destacado por mi determinación y por mi tenacidad. Además que aun siendo pocos meses, esos fueron los únicos en los que me sentí vivo, Sé que para ti también.

Hoy vino un compañero de profesión a visitarme, quería que le contase nuestra historia, había encontrado uno de los mensajes que te he ido enviando, ese seguramente no te llegaría, pero contarle lo nuestro, bueno, eso es algo entre tú y yo, y aquellas gaviotas que tantas veces pintaste al lado de mi “Rose”.

Siento decirte, que desde hace ya un tiempo,  siento que las fuerzas me abandonan, que ya no soy tan ágil como lo era antes. Me fatiga el hecho de subir y bajar del faro a la playa a esperarte, aunque eso no será excusa para que no acuda como todos los sábados a sentarme a esperarte.  Eso es lo que me ha mantenido cuerdo todos estos años, la esperanza de que llegarás alguna vez.

Bueno amor, como sabes, seguiré esperándote, pensarás que este viejo marinero se volvió loco, pero habiendo tenido tiempo para repasar una y otra vez nuestra conversaciones, nuestros paseos, nuestras esperas para ver despuntar el sol desde la proa de Rose, me sigue pareciendo la mejor manera de amarte, pues soy de la opinión que el amor no entiende de tiempo o espacio, sino de momentos y lugares. Parece que siempre llegamos a destiempo, pero sigo teniendo la vaga ilusión infantil que un día vendrás y me contarás que fue lo que te entretuvo.

Mientras tanto te extraño tanto como siempre, hasta las canas que me han salido desde hace ya unos años también te extrañan.  No tardes más por favor. Te amo…

                                               Joaquín

En el Faro de Alejandro

La puerta de Alejandro volvía a sonar por segunda vez. Era ya por la tarde y la casa olía a comida recién hecha. Las luces eran tenues para aquella hora y la mesa estaba lista. Esperaba alguien.

Al abrir la puerta, su corazón se agitó, aunque sabía perfectamente quien era, seguía teniendo esa sensación que hacia unas horas había sentido en la playa al sumergirse en aquellos ojos traviesos y verdes. Además que aquellas palabras que pronunciaran, le llevaban acompañando todo el día;

-Que feliz se ve a Turco; todos deberíamos ser un poco más como tu perro-

Cuando el ruido del pestillo rompió la tranquilidad de la casa, para dejar pasar lo que allí acontecía, se encontró a la chica de pelo corto rubio. La expresión era maravillosa, una sonrisa que llenaba todo su expresión. Acompañaba a la perfección, la jovialidad de aquellos ojos verdes, tan claros, tan inocentes, tan puros.

– Hola- dijo Alejandro.

– Hola- dijo ella.

– Pasa, no te quedes en la entrada.

Una sonrisa de nervios o de verdadero humor se dibujó en la cara de ella.

-Bueno, ¿quieres tomar algo? Preguntó Alejandro.

-Sí, estaría bien,- dijo la chica de pelo corto rubio, para automáticamente sacar de detrás de su espalda una botella de vino con un lazo y tenderla hacia Alejandro. –Toma, para acompañar mi cena- -jajajajaja-, volvió a decir ella.

Ambos rieron y se adentraron en la casa. La puerta se cerró tras de ellos. Dentro, Alejandro desapareció hacia la cocina, buscando un abre botellas. Ella, deambuló por la estancia, viendo los distintos cuadros, mapas, y fotos que tenía Alejandro. Se paró por un instante en aquella asombrosa librería atestada de libros de todos los géneros.

– ¿Te gusta leer?, dijo ella.

– Si, algo-, respondió alegremente Alejandro.

Ambos se rieron.

El teléfono de Alejandro empezó a vibrar, pero ninguno de los dos se percató, pues había música de fondo que ensordeció el zumbido característico.

En Comandancia

– ¿Habéis avisado al Farero de Trafalgar? Preguntó el responsable al cargo de comandancia

– Sí, señor. No coge el teléfono.- dijo el encargado de dar avisos.

– Vuelve a intentarlo y si salta el buzón de voz, déjale un mensaje explicando lo que le ha pasado a Joaquín. Él nos pidió que lo avisáramos.

En el faro de Trafalgar

Dos personas, se sentaban en una pequeña balconada mirando a la playa. En la mesa había una botella de vino con un lazo. Ambos sostenían sus copas. Se estaban observando, después de haberse mirado un largo rato. El silencio reinaba, pues algunas veces no es necesario decir nada con la voz o el lenguaje verbal; algunas veces se hace necesario no decir nada y acomodarse solo a la presencia del otro, pero el hombre rompió aquel silencio,

-Por cierto, no me has dicho cómo te llamas-, dijo Alejandro

– ¿Cómo quieres llamarme?- Dijo la mujer rubia de pelo corto

– Jajajajaja! Salvadora, estaría bien o ángel de la guarda.

– Jajajajajaja!- Sonrió ella sin preocuparse, por nada.

El silencio se volvió de nuevo patente y continuaron mirándose. Es ese tipo de miradas que aún, si las observas desde la lejanía sin ser parte, no la entiendes, pero que sólo ellos, son capaces de adivinar, estaban teniendo el mejor debate no lingüístico jamás contado. Al final ella bajó los ojos y cogió una de las copas para dar un sorbo al vino. Mientras iba acercando la copa a sus labios dijo;

– Me llamo Rosse, como mi madre.

Continuará….

(Non título IV)

Micro relato

En el mundo reinaba el caso; los valores que antes habían sido el pilar en el que se sostenía la sociedad dejaban paso a nuevas creencias, nuevas ideologías. Por eso, mientras el mundo que conocían desaparecía bajos sus pies, ellos estaban empeñados en enamorase…

(A Marga)

Distancias

No hay mayor distancia que la puerta cerrada de nuestra habitación

No hay mayor distancia que un silencio gris lleno de reproches y recriminaciones

No hay mayor distancia que la que nos desune en nuestra terquedad

No hay mayor distancia que la de tus palabras contenidas para no decirme la verdad

No hay más paradas en este viaje que la del miedo y la de la inseguridad

No hay mayor distancia que la mentira

No hay mayor distancia que la incomprensión

No hay distancia entre tú y yo, pues no hay puertas, mentiras o miedos o inseguridades que tú no sepas curar…

La venganza de Baza

Amparada al silencio de la noche y de las luces de aquella calle del Arco de la Magdalena, puedo esquivar las distintas partidas de vigilancia que el Arcipreste junto con el Corregidor habían ordenado.

A toda costa Cristóbal no debía ser entregado de nuevo al pueblo. Como en el juicio lo declararon, era un incitador e instigador. Sabían que si lo ejecutaban sin más, los bastetanos lo convertirían en un mito, un héroe sin capa, pero con ideales. He ahí el problema, aquella lengua que sabía embelesar a toda Baza… y engañar a toda Guadix

Al final, llegó a aquella plaza y recordó las palabras que le dijo en la ermita.

-Si me prenden, recuerda, para levantar a todo el gremio de canteros, deberás ir a la plaza y gritar. Liberar al cantero. Verás que la hoja de la puerta del balcón De la Torre De la Iglesia está abierta. Conseguiré que alguien la deje así. Esa será la señal.

Al entrar vio la señal y se dispuso a dar el grito, -bastetanos, bastetanos….

Mientras en la torre, en la sombra de la mala iluminación, Cristóbal miraba, sabía quién estaba a sus escapadas. Notaba aquella sonrisa de satisfacción sin tener que oírla… pero debía de pedirlo, debía de protegerla… entre dientes y con la voz ahorcada por el odio dijo al Arciprete:

-“Ten piedad”

No hubo respuesta, mientras empezaba a gritar para pedir que toda la comarca se levantara ante la injusticia del designado real, una flecha de ballesta cortó la noche y arrancó la vida de aquella garganta. El cuerpo yacía en el suelo. Inmóvil. La sangre emanaba de la herida. Sus ojos quedaron abiertos y su expresión no era de dolor sino de orgullo ante la proclama.

-lo juro, morirás mil veces antes de que te deje morir- dijo Cristóbal pasivo desde la torre. -Has matado a mi hermana-

Y así fue como la señora de Baza fue robada y la mayor venganza de la comarca nació…

Continuará….