Diario del olvido (#7)

Alguien me dijo, que debía de vivir esta ciudad de la forma más lúdica posible… y que tenía que sentir la ciudad y vivir solo…

Cuidado con lo que deseas… pues lo mismo se termina cumpliendo.

Hoy descubrí el auténtico garito… un lugar donde las penas se olvidan a 1.50 y con tapa.

Es mentira, sigo nadando con ellas… porque son parte de lo que fui…

Me he quedado en este garito, porque la camarera se parece a La Niña de ojos vidriosos…. (Algún día deberé de dejar de pensar en ella, pero mientras tanto; es la mejor compañera irreal que me puede acompañar y domar los miedos que aún asaltan mi onírico inconsciente

A La Niña de ojos vidriosos

La lumbre y las hadas del fuego

En la calma serena, de aquella habitación anexa y prefabricada de la Estacion reconvertida en mesón de carretera; encontré la lumbre. Un fuego que calentaba mis temblorosas extremidades castigada por el frío invernal.

Pedí un café, -“lo más caliente que pueda”- saliendo aquella palabras de mi garganta quejosa…

No sabía de aquella estancia hasta que la mujer de pelo ensortijado y gafas empañadas me invitó a que pasara y me calentara.

La estampa era muy navideña, tal vez por la época en la que estamos, tal vez porque era el día después de navidad. Apenas había clientes y la paz y tranquilidad era la banda sonora de aquella mañana.

No se que me pasa con las llamas, pero me parecen hipnóticas. Me abstraen y es ahí, cuando saltan las hadas del fuego.

Me distraen con sus bailes, saltos entres las ascuas y canciones ya olvidadas. Conocen de mi sufrimiento y apaciguan mi tristeza.

Una se acercó a mi. Subió por mi brazo y me susurró al oído tu nombre. Sabía que lloraría, pero no lo hice. Tal vez la vergüenza me impidió desahogarme, pero ella siguió susurrándome tu nombre.

Empezó a tararear una vieja canción infantil, cambiando el nombre por el tuyo. Ella sabía que conocía el poder de la palabra y que conocer nombres es un poder sin igual. No solo sirven para denominar las cosas, los objetos o las personas. También sirven para entenderlas en su máxima expresión.

Con aquel susurro, vinieron a mi mil imágenes tuya. Casi sentí tu voz llamándome. Por un momento mi consciente me engañó y creí que me cogías la mano….

Pero ya se sabe, estas hadas no son malas, son simplemente traviesas e infantiles y les gusta jugar al juego del engaño. Cruel, si, pero sin maldad, pues son de naturaleza infantil y lo único que desean es ver mi taciturna sonrisa.

Un ruido me abstrajo de aquella vida secreta que a veces vivo. Mire mi reloj. Era tiempo de seguir la ruta

Feliz navidad niña de ojos vidriosos

Diario del olvido (#6)

Se acerca esa fecha en que por narices debes de estar feliz, donde, en algunos casos, la hipocresía se viste de gala y a tras queda las rencillas y recriminaciones… ¡que gran actriz!

Pero otras veces, la película de mi vida, no contesta a partener de primera fila, sino que por el contrario, como buen cine independiente, trabajan actores amateur…

Ayer vi esa película independiente y donde creía que iba a encontrar una superproducción, encontré la más bella de las historias. Después de muchos años me sentí parte de mi destino…

Tras volver de la grabación, a altas horas, pues el trabajo así lo exige. Encontré una ciudad vacía. ¡Que sensación!

Los semáforos me los encontré en verde y pude dar rienda suelta a “Mar”… disfrutó como una racing a pesar de su aspecto trail. Y allí estaba. La Niña de ojos vidriosos y sonrisa inacabada, venía de paquete.

En algunas rectas se apretaba a mi para no caerse, en otras, de curvas de rotonda me susurraba, que cerraba los ojos, pues le daba miedo. Una sensación magnífica. Llevaba días sin querer hablar con ella, no me atrevía a decirle que sigo amándola….

Al llegar a casa, nos desvestimos, nos metimos en la cama y… bueno, imagínenselo. Al final ella se acurrucó en mi pecho y me pidió que no la dejara, que corriera tras de ella. Que no me encajase en la posición de dejarle libertad, “lucha”, salió de su amuebladla cabeza.

Callé… no quise romper ese momento. No quería darme cuenta que volvía a imaginar algo que no existía. La verdad; me consuela dejar a mi mente que elucubre sobre la razón y engañé a la realidad… es la única sustancia que tranquiliza a mi ánimo

Por la mañana, las sábanas estaban frías. Ella no estuvo, pero al menos su aroma a olas de sal, quedaba aún impregnado en mi olfato… ¿por que no me dejas correr hacia ti, niña de sonrisa inacabada?

Hoy, que ya no es ayer, paso a un nuevo día privado de ella. Va incrementando mi ilusión y se va rebajando la expectativa de que vuelva. Al final deberé afrontar, que seguramente nunca jamas será verdad, nunca jamas volveré a verla. Más allá de coincidir con ella y apenas me reconozca. Mientras tanto seguiré jugando al juego de la paciencia con el reloj de la pared, que anuncia, los días que llevo sin ti…

Feliz inicio de navidad niña de ojos vidriosos y sonrisa inacabada

Diario del olvido (#5)

Como lunes anormal al que se precie… decidí aventurarme por carreteras que aún no conocía. Ayer recogí a “Mar Tillo”. Como siempre me habló durante el viaje.

Me recrimino que llevábamos días sin vernos, que había olvidado nuestra citas vespertinas de fin de semana. También necesitaba un poco de descanso de ella.

Parece que últimamente, las mujeres de mi vida, onírica o real, lo único que me recriminan es más tiempo para ellas. Solo quiero tener tiempo para mi y ver que hago en los próximos meses

Sea cual fuese, esta mañana de lunes, le di una alegría a “Mar” y la lleve de ruta. Decidí perderme con ella por una ruta de sierra revirada. No pude rumbo fijo a mi GPS, pues me gusta que sea “la Srta Tillo” la que decida el rumbo.

Durante todo el trayecto de ida, estaba callada, ausente… sabía de las últimas noticias y andaba preocupada por mi. Fue generosa en las curvas y fiel en las tumbadas. Sabía que hoy quería correr y no me permitió hacer locuras.

Al final, me regalo una estampa preciosa. Quiso que me mente descansara y me trajo hasta Lanjaron. Descubrimos pequeños hoteles, callejuelas tan escondidas que me costó orientarme para volver a por “Mar”.

La gente de estos parajes es amable y dura. El clima no invita hacer muchas cosas al aire libre en la estación pre invernal, pero las gentes son amables. Son amables….

Encontré en una esquina, la sombra de La Niña de ojos vidrios y de sonrisa inacabada. Me volcó el ritmo, pero allí estaba “Mar”, para recordarme, que ahora soy yo, soy mi retro yo omnisciente, del que debo de cuidar… En ese momento, decidí entrar en un bar, causa y motivo de muchas de mis desventuras.

Había una pareja cercana a mi edad con dos críos. Mientras los niños discutían, ellos seguían mirándose con complicidad. El la miraba con pasión, ella le correspondía. Una pequeña caricia de ella. El mirando a sus hijos… ha sido muy Coca Cola… será las fechas que me ponen melancólico, serán que echo de menos a La Niña de sonrisa inacabada…

Aún sigo pensando en ti niña de ojos vidriosos

Parajes y estampas de Lanjaron, Granada

Diario del olvido (#4)

Si con las cinco primeras palabras de un texto, no puedes cautivar al lector, sino puedes llamar la atención del que te lee, poco o nada sirve lo que luego viene….

Hoy el día ha sido duro, por todo. El trajín de cualquier actividad es incesante, multiplicador… no estoy preparado para volver a vivir en sociedad. Me resulta casi hercúleo mantener la atención a lo que me dicen en los breves momentos de clama

Mi mente mientras esta ocupada en ese ajetreo, duerme, no molesta, apenas el recuerdo de La Niña de sonrisa inacabada y ojos vidriosos apenas aparece… algún recuerdo en forma de flash, pero poco más

Lo más duro es cuando ese ajetreo termina y vuelvo a casa. Intento pasar el mayor tiempo posible ocupado, para que las olas de sal y la espuma del silencio no me apague…

Hoy me he percatado que soy el hijo del hombre (René Magritte), con la mascarilla y el “uniforme” que llevo para trabajar, soy la viva estampa… apenas se me entreveía el rostro.

Andando como un zombie que persigue, no sé qué muy bien. Entré en un supermercado y después de dar mil y una vuelta, terminé al lado de los chocolates. Miré mi compra, casi anonadado por lo mecánico de mis decisiones, pues los problemas que te llevas de la tumba donde estás encerrado la mayor tiempo del mundo, te abstraen de cualquier decisión, y vi lo que era…. Lo vi claro.

Una amárgalma sin sentido dietético… “ufff, que pereza”- pensé… mire a ambos lados y vi a esos teenager avituallandose para una salida nocturna… no lo pensé mucho… dejé la compra.

Me dirijo para casa, pensando en quitarme el traje y corbata roja que hoy me he puesto. La verdad, era calvado al hijo del hombre.

Y si pensaba que todo podía ir a peor, llegó ese maldito olor a calma, que huele mi nueva casa. Olor a desinfectante y ambientador a manzana verde..: y es ahí, donde La Niña de ojos vidriosos de botella de vino, saltó y me invadió…

Tal vez me esté volviendo loco y el primer paso son estas alucinaciones. Ella quería hoy hablar… la verdad hasta para ser algo onírico, me he portado con ella como un gañan… pero no tenía ganas de nada, solo de acurrucarme en su regazo y que ella jugara con mis rizos engominados

¿Pero como se hace eso, si no es corpóreo? No lo sé, por eso llegué con ganas de discutir y termine ignorándola. Que triste.

Creo que hoy volveré a no soñar… pero eso ya lo contaré otro día

Lo siento, niña de sonrisa inacabada

Reproducción de “el hijo del hombre” autor René Magritte

Atronador

Un ensordecedor traqueteo se dispara en mi pecho

De luciérnagas y alúas resplandecientes

Se llena mi retro yo omnisciente

Al cerrar mis ojos de emoción

No queda mas silencio tardío

Que el ruido de la lluvia contra el tejado

El frío llega para quedarse

Las estufas como cigarros en pie

Para que las ascuas no ensucien las aceras

Ni el clima, ni la estación caducifolia

Acompasan esta sensación de olvido

De hojas de barro y marrones

Llena la carretera de lagos cristalizados

Espejos que reflejan la posible muerte

Ya no queda más que valor, ilusión

Camino entre sombras desconocidas

En ciudades habitadas por alienados corazones

Desarticulé la esperanza, pero no la ilusión

El valor es una niña, que canta y salta

Que desafía el frío, desafía al tedio

Con infantiles canciones tradicionales

De patios, brujas y localizaciones acuáticas

La anaranjada espesura del bosque

Acompaña este mar de olas verdes y ausentes

Sin trueno que desenrede

El silencio con el que me castigas

A La Niña de las olas de sal, de ojos vidriosos y sonrisa inacabada

Un viaje, una visita o una nueva aventura

Los cambios, siempre son a mejor… habré escuchado esa frase un millón de veces. Pero hasta hace poco no he podido entender en toda su dimensión la realidad de la misma que se me ha hecho patente.

Decidir romper con todo y abrir tu expectativas a un cambio, no lo negaré, aterra. A mi cuarentena, eso es un cambio interesante, pero necesario

Una nueva ciudad siempre tiene su encanto. Poder cubrirte en la sombra del anonimato que tan hogareña y sutil parece para pasar desapercibido es un regalo para esta aventura que comienzo.

Todo lo que veo, lo veo como algo nuevo, con otros ojos. Me emborracho de estampas y fotografías desde otro prisma, desde otra perspectiva. Esa perspectiva que te da una nueva vida

Ahora puedes decidir quién eres o quien quieres ser. Te sientes como una nueva persona. Aunque sin perder tu esencia, ahora representas un nuevo papel, donde a tras queda las deudas que en el pasado lastraron tu personalidad. En este nuevo escenario del teatro vital en el que me hallo, saco muchas conclusiones, pero sobretodo saco valentía.

La cara amarga es la falta del calor humano que te da la vivencia en comunidad, pero eso ya llegará. Como un perro abandonado que es adoptado, aún me quedan días para aclimatarme a esta nueva localización…

Al menos me quedan mis poemas, mis pequeñas producciones, mis relatos e imaginación que adormece ese sentido de soledad autoimpuesto, pero tan necesario que tan necesario era.

Me muero por verla, por llamarla, por decirle que ahora es nuestro tiempo, que ahora estamos en igualdad de condiciones y que ahora es cuando verdaderamente conocerá a esa persona que tanta curiosidad le producía. Pero… ¿contestará a la llamada del teléfono rojo?

Eso lo sabrán cuando reúna el valor para hacerlo, mientras tanto, curiosos y lectores, les dejo las fotografías que he hecho con mi instamatic 300.

Portada De la Iglesia Santa Ana (Granada)
Sierra Nevada desde el mirador de S. Nicolas

Diario del olvido (#3)

Miércoles… no, no es una forma elegante de decir mierda. Hoy es miércoles.

Me levanté, con ese sabor dulzón que me dejaban tus besos de melocotón y fresa en la boca. Me tiré irremediablemente al celular para escribirte “buenos días principita”, pero tuve que retenerme… y fue ahí cuando me di cuenta de lo mucho que te echo de menos, lo mucho que he perdido, lo mucho que ya hemos perdido…

Me quedo absorto removiendo con la cucharilla para diluir la sacarina en el café; mientras mi enemiga me evoca el verano del 21. Que bien lo pasamos, que inocentes fuimos, que forma de amarnos sin fe tuvimos.

Ahora solo pienso en cómo darle la vuelta a esto, como volver a engañarte para que caigas en mi red, pero esta vez quiero que te envenenes para siempre. Quiero que me piques con tu sonrisa y yo con mi acidez.

La pregunta es; ¿tendré valor para llamarla y decirle un hola, quiero verte? No lo creo. Todos los mentirosos somos unos cobardes. Nos gusta jugar sobre seguro y sin una mínima señal, no daría el paso.

Miércoles, ya queda menos para la liturgia de mis sábados, para la morfina de mi soledad, para engañarme nuevamente, como todos los sábados.

Hoy me apetece decirte, … te amo!

Café matinal en Avda de la Constitución, Granada, cerca de casa.

Diario del Olvido (#2)

Los días van cayendo del almanaque irremediablemente sin que ninguna fuerza vital impida ese avance.

“Hoy salí temprano del trabajo, donde ahora me gano la vida de forma honrosa, que nada tiene que ver con mi pasado contemplativo de verso torcido y retórica ácida. Pero me siento satisfecho.

He pasado de la euforia de toda emoción por un comienzo soñado; a la tranquilidad que da la soledad autoimpuesta, evitando la insidiosa compañía que nada me aportó

Me dirigí a la misma plaza en la que una vez jugué a un juego precioso. Tenía la vaga esperanza que el destino se aliara con mi deseo y su figura, como en aquel verano, aparecería dibujada bajo la portada del costado de la nave suroeste de esa catedral inacabada, pero no. No fue así.

Se que ya no vendrá, que aquello pasó, pero mi mente gira al rededor de la mentira para poder superar el trance.

Tal vez me oblique a olvidarte, pero mientras tanto, he empezado a jugar al juego de la paciencia con el reloj… me convertiré en protagonista de uno de mis relatos y las mañanas me dedicaré a esperar a “Rose”…

….

Una caída de la tarde cualquiera de otoño en Granada