La huida

Escaparse de aquello que te ahoga, no es huida. Vivir toda una aventura, donde la improvisación al problema es la tónica, tampoco es huida…. Dejar atrás la maleta llena de recuerdos… algunos lo llamareis huida, en cambio yo lo llamo supervivencia.

Helena, no quiso darle al like a aquel perfil que apareció en su pantalla móvil de la aplicación en la que se había registrado. Nunca entendió que le atraía de esos tipos que parecen duros, que tiene pinta de duros, y que al final resultan que tiene un problema asociativo y lo que verdaderamente aman son a sus madres… pero terminó dándole al like a aquella foto. Pensó también que no tenía que ser de sus mejores fotos la que había puesto en aquel perfil… sinceramente se dijo –debo hacérmelo mirar- y una súbita carcajada inundo la sala donde estaba parada mirando a la pantalla del móvil como una boba.

La aplicación de Pedro le avisó que tenía un nuevo mensaje. Al abrirlo, pensó, otra petarda que quiere quedar. ¿Por qué me abriría aquel maldito perfil?- pensó. –Además que puse una de las fotos más groseras e inadecuadas que tengo. Sigo sin entender por qué alguien le daría un me gusta… La recriminación en su dialogo interno seguía. La sorpresa fue mayúscula, cuando vio que era la chica… No sé cómo explicarlo, simplemente diré que era la chica.

En la pantalla de Pedro -Hola-. Las manos le temblaban y casi se le cae el celular. -¿qué le digo?- Pensó.

En la pantalla de Helena -¿Qué tal? Me llamo Pedro.

Helena pensó, -este chico no debe de ser muy listo, ya sé cómo te llamas-.

Tras unos cuantos mensajes, la aplicación se quedó callada. No fue por falta de interés, ni por mal funcionamiento, lo que pasó fue que cada uno seguía haciendo mil cosas a la vez. Los mensajes se fueron sucediendo de forma sucesiva pero inconstante.

Al final cambiaron de aplicación y se dieron sus números. y al momento, uno de ellos decidió llamar al otro. No recuerdo muy bien quien fue, pero la primera conversación fue… bueno algo tal como así;

Hola- soy Helena- dijo ella, con su aterciopelada voz.

Hola- casi una voz de ultratumba y quebradiza le salió a Pedro.

Tras una hora hablando entre desconocidos, al final se despidieron. Por un lado ella no estaba muy convencida, no es que se arrepintiese de haberlo llamado, pero las palabras de Pedro no la terminaron de convencer. Por su parte, Pedro analizaba cada respuesta o pregunta que le había dicho. No fue su mejor discurso pensó, pero al menos no le había engañado. No había fingido ser una persona que no era, ni tampoco había dicho nada que indicase que buscaba más allá de una sana amistad por ahora.

Los días y mensajes se fueron sucediendo y con el paso de los mismos decidieron quedar. Él se aventuró a visitarla en su ciudad. Se levantó bastante temprano y cogió el primer tren que salía para Sevilla. Ella lo esperaría en Santa Justa. Pero como siempre y las cosas de Pedro, este se bajó en San Bernardino… ¿Cómo no? El típico despiste de Pedro, más nervioso que concentrado, no se percató de que lo habían dejado en otra estación.

Tras una hora en espera en distintas estaciones, Helena con un malestar de campeonato, por ser elegantes y no decir algo más, se decidió a llamarlo. En la pantalla de Pedro apareció el número de Helena Sevilla. No se atrevía a pulsar el botón de contestar, pues se esperaba la típica frase de que le había sido imposible llegar a tiempo o que otro compromiso ineludible e imprevisto la retenía y que mejor quedaban en otro momento, pero de forma mecánica contesto;

-Si

-Oye Pedro, ¿Dónde está? Vienes al final-

¿Cómo?- dijo Pedro, pensando, -esta tía está fatal, sí llevo casi una hora aquí en el andén esperándola. –Claro, si estoy en Sevilla desde las once-.

-Imposible, estoy aquí en Santa Justa, en el entre suelo y el tren de Mérida llego hace casi una hora…

Pedro la interrumpió, ¿Qué estás en Santa Justa?, ¿Qué me dices? Estoy en San Bernardino esperándote tal como me dijiste…

Ella pensó- he ido a quedar con el más listo de su clase- Espera- dijo ella- Yo me acerco a la otra estación, no te muevas.

-Vale-.

Tras el incidente que a Pedro le costó un sonrojo y un nerviosismo extra a la situación ya estresante por si, la cita transcurrió, como transcurren las primeras mejores citas. Una cerveza en una terraza del centro, una visita a un monumento, luego al Museo de Historia y un aperitivo en otro lado, hicieron que las cinco primeras horas pasaran tan rápido como un suspiro.

Llegado la hora donde los toreros salen a torear y la gente decente duerme la siesta, ambos seguían por esa Sevilla de mitad de Junio paseando, hasta que ella decidida, le agarró por la mano y caminaron por toda la ciudad cogidos. En un momento, Pedro paró el paso y se giró a ella;

-¿Qué pasa?- pregunto Helena

-Adiós amiga-, dijo Pedro a Helena.

Cerró sus ojos y muy lentamente se acercó hasta quedar a un milímetro de ella. Paro solo un instante y con la misma velocidad que lleva una hoja suspendida en una brisa, sus labios se encontraron con los de Helena.

Hola- dijo, pero esta vez, apoyando se frente junto a la suya y con los ojos cerrados, manteniendo ese instante en su recuerdo para siempre.

No voy a describir el beso, es complejo. ¿Cómo se describe un beso? Pues cada beso es distinto y describirlo me parece muy engreído hasta para mí, que solo busco demostrar mi afán descriptivo de algo que jamás he dado, por eso, solo diré, que la BESÓ…

El reloj marcaba ya las nueve de la noche y ambos se encontraban esta vez sí, en el andén de la estación de tren correcta. La cara de ambos era un poema, tan mayorcitos y a la vez tan jóvenes, con esa cara de los nuevos amantes ponen cuando uno parte.

Diré que siempre me han encantado las estaciones, porque en ellas muchas veces ves la misma película romántica, pero con distintos actores. Si sé que es algo típico y que todos los que hemos vivido una despedida en un andén nos creemos especiales, pero eso le pasa a muchas parejas

Como Helena no quería ponerse mimosa y su semblante serio indicaba la situación, empezó a hablar de cualquier tema insustancial como el tiempo que iba a hacer al día siguiente. Para no saberlo, era ya verano en Sevilla, lo normal es que hiciese sol, ¿no?. Pero una palabra llevo a otra y a otra y al final, le dijo a Pedro

-¿y si nos escapamos?

-¿Qué?, respondió Pedro, entre asombrado y temeroso

-Si! Escapémonos…- dijo Helean

Pero ¿tú estás bien?, ¿te sentó mal el helado de mango y vainilla de Macedonia? -respondió Pedro

-No, qué tipo más absurdo eres, digo que nos escapemos…

La conversación, en un momento, desembocó, en unas risas, pero en los ojos de los dos, se veía la aventura…. Se terminaron riendo a carcajada limpia, rompiendo el tenso amargor de la despedida, pero también el de la reflexión. Empero ese momento duró poco, pues un ruido de las puertas neumáticas del tren rompió aquellas risas y pequeños manoseos….

Helena dijo – entonces, ¿qué?

Pedro la agarró por la mano y se dirigió hasta las escaleras mecánicas. Ella se paró en seco y dijo;

-¿Estás loco?

-No-, respondió, -voy a comprar dos billetes

Las piernas de Helena empezaron a temblar como las de un pura sangre después de un derby y la boca se le quedó seca, y entre abierta, con los ojos abiertos de par en par, pensando- este tío va en serio- Diecisiete minutos después, para ser exactos, Helena y Pedro, se sentaban en un vagón dirección a Madrid, con ningún equipaje, pero con una mochila cargada de sueños…. Justo la mochila que uno se lleva cuando huye…

¡Mic, Mic, Mic, Mic! El despertador sonó, para aquel hombre de mediana edad. Que sueño más raro he tenido- pensó. Al levantarse de la cama, pudo ver la melena despeinada de ella y sentir su suave respiración, pensando que dormía tranquila, había pasado mala noche. Llegaría tarde del Hospital… Se levantó y se dispuso a prepararse para ir a trabajar. Esa era la rutina de él cada mañana. Este hecho sucede todos los días de lunes a viernes en Gijón. Un matrimonio que discute, ríe y llora siempre juntos. Ellos se llaman Helena y Pedro y no dejan de contarse cuando pueden, aquella absurda anécdota sobre cómo planearon su HUIDA el día que se conocieron… ahora todo el mundo se preguntará;


…¿Cómo terminaron juntos?

el final del verano….

Una infinita semana

para este final del verano.

Como una ecuación irresoluble,

de incógnitas insospechadas,

de sábanas vacías y sin arrugas,

de despedidas sin adiós,

así se queda mi sombra.

La tenue calma de la noche estival

antes de que se rompiese ese silencio cómplice,

tras la lucha de nuestros cuerpos desnudos y sudorosos,

desapareció. No; simplemente dejó de existir.

Los rescoldos de aquel fuego de verano

es lo que calentará al frio que llega,

es lo que iluminará esas noches de otoño

es lo que entretendrá a la irremediable nostalgia.

No puede ver algo más bello, que un amor de verano,

que el recuerdo infinito de lo que pudo ser y fue,

que el sonido de tu risa inocente,

que el aroma que dejaste en mi piel,

que las silenciosas miradas de miel,

que la cicatriz que adorna ahora mi ser.

(…. porque las más bellas historias que deben ser recordadas acaban siempre en melancolía.)

un precisos atardecer en Baza, Granada

La Carta (IV parte)

Durante este relato, hemos hablado de silencios, verdades y mensajes. Pienso que ha llegado la hora de hablar de razones. Si, lo se querido lector, voy hablar de la única razón que creo que hace que el mundo se mueva, el amor. Pensaras que soy algo romántico, o tierno, pero ¿quién no lo es? Más allá de consideraciones, hablar de amor es hablar de lo mismo. Es un sentimiento que se repite sin que importen los actores. Por eso como en las películas, donde hay actores buenos, otros enigmáticos, algunos pasionales, otros tóxicos… pues pienso lo mismo, da igual quien represente la historia, si el amor es bueno, verdadero.. ¡que más da el actor!

El ruido de la vieja radio de Alejandro empezó a tronar a las nueve de la mañana del sábado. -¿Quién utilizara este canal?- pensó sin percatarse, que había alguien al otro lado, más sabio, más paciente y más auténtico que el

– Aquí puesto de radio control de vigilancia marítima, faro 27 sur occidental. Esta Uds. utilizando una frecuencia reservada, abandone la onda. CAMBIO

-Alejandro, soy Joaquín, te dije que te llamaría por esta banda hoy, ¿no te acordaste? CAMBIO

-Perdón Joaquín, no esperaba tu llamada tan temprano, CAMBIO

– Como sois los nuevos, antes nosotros dormíamos poco y estábamos deseosos de hablar con alguien, CAMBIO

-Jajajajajaja. Ahora nosotros utilizamos el teléfono o aplicaciones de mensajería, CAMBIO

-¿Nos levantamos graciosos? No soy tan mayor, solo que me gusta utilizar mi vieja “chispas”, CAMBIO

Ok, CAMBIO

La conversación entre dos seres no tan alejados en espacio, pero si en motivación continuo un largo rato.

-Perdona Joaquín, llaman a la puerta, te llamo luego al teléfono de la base de tu faro y continuamos, ¿vale? CAMBIO Y CORTO

-Te copio, CAMBIO Y CORTO

El ruido de unos nudillos aporreando la puerta del Faro de Trafalgar de Alejandro se hicieron más rápidos y apresurados. Alejandro se dirigió a la puerta con cara de pocos amigos. Al abrir aquella puerta, no esperaba encontrarse lo que se encontró. El ruido chirriante del gozne de hojalata de la bisagra, lo abstrajo de la realidad, por eso la sorpresa fue mayor

-Corre, es tu perro, le dijo un conocido del pueblo.

-¿Qué?

-Tu perro, está en el mar y no consigue superar la corriente.

Quien le aviso fue un foráneo de aquel pueblo que sabía la devoción que el nuevo farero tenía sobre su mascota. Muchos los veían y pensaban que el habría querido ser padre al ver como cuidaba a su perro como si fuese un bebe.

Al llegar a la playa, bajado como una centella del promontorio donde habían construido el faro, vio que en el agua había otra persona intentado “cazar a Turco”. De forma automática, se desprendió del contenido que tenía en sus bolsillos y se quitó los zapatos, volando estos de forma libre hacia los lados. Corrió, corrió, esprintó como quien le persigue la parca… y se zambulló desde las rocas.

Su cuerpo se tensó como una barra de acero al sentir la fría agua del estrecho. Su sentido de la orientación quedo anulado por el cambio térmico y por el golpe seco al entrar su cuerpo en el agua, aunque todos esos factores daban igual. Alejandro siempre tuvo determinación, tenía una idea y la iba a realizar, salva a Turco de aquellas corrientes.

Al salir y empezar a bracear, se percató de la persona que estaba cerca del perro intentando cazarlo.

-Déjalo, tira para la orilla, sabe nadar, te seguirá.

-No, no reacciona.

-Vete para la orilla yo me hago cargo.

Aquel cuerpo empezó a nadar contra corriente. Alejandro desvió su mirada, para dirigirse donde estaba Turco. Al llegar a su altura, turco, empezó a chapotear, a intentar llegar a su “compañero”. Con un movimiento seco, Alejandro, alcanzo agarrar a Turco por el collar y entrelazarlo como si de un bebe se tratase y lo sacó de la corriente de forma precaria. En mitad de la bahía había unos hombres con bote que le indiciaban que se agarrase a la borda. Casi exhausto se dejó llevar por la resaca del mar que lo impulso hasta el bote.

-Gracias. La otra persona, ¿llegó a la playa?

-No, se ha hundido a veinte metros. Se ha ahogado. Sube. Llamaremos a salvamento marítimo para que…

No terminó la frase, cuando empujó a Turco por encima del mamparo de la borda para que cayese en la bañera del bote. Seguidamente, dotado de una energía casi hercúlea, se dirigió donde había visto por última vez aquella persona que intento salvar a Turco. La idea de que alguien muriese por culpa del perro le aterraba, no por su calidad de Farero, sino porque no se lo permitiría….

Llego donde la espiral de las distintas corrientes convergía y se creaba una espuma densa que enturbiaba el agua. Se sumergió, a tientas intento bajar a una profundidad que esperaba encontrar el cuerpo. Nada. Volvió a intentarlo. Una, otra vez, así de forma repetitiva y obsesiva varias veces más. Sentía que ya estaba al borde del colapso. Se dijo –Una vez más- arremolinó todas sus fuerzas, aspiro todo el aire que le pudo caber en sus pulmones y boca y se sumergió. Con los ojos cerrados y con la desesperación como sonar, bajo, bajo más aun de lo que sus oídos le permitían, casi le estallan, sabía que un centímetro mas y no tendría aire suficiente para volver a la superficie. Con uno de sus dedos acaricio algo. Se obligó abrir los ojos y solo pudo ver de forma turbia y son definición, algo que parecía un cuerpo. Lo agarró, como se agarra la vida, valga la reiteración, y con la desesperación del ahogo por una bocanada de aire subió, hasta la superficie.

Ahhhhhhhhh!- Eran dos cuerpos que respiraban nuevamente. Un bote en mitad de la bahía se les acerba para rescatarlos. Ya en la playa, con mantas Alejandro y una desconocida temblaban, no por el frio sino por la resaca del esfuerzo. Sentados en el talud de arena, mientras el viento de levante soplaba se miraron.

-Gracias- con un hilo de voz casi inaudible dijo Alejandro.

-A ti.- dijo aquella muchacha de pelo corto rubio en un acento extranjero.

En otro lado de la costa:

Joaquín se sintió mareado, aquel sábado no bajaría a la playa, sería el primero que faltaría. Esa idea le consumía, lo quemaba. Por eso, con se sentimiento de fracaso, cuando pensaba que cada vez quedaba menos para que ella volviese, se obligó a levantarse, tras tableó y cayó perdiendo el conocimiento en la sala de su casa. El cuerpo se quedó tumbado junto a la radio. Esa radio con la que tantos mensajes de alerta habían dado y que ahora se antojaba tan distante e imposible de transmitir el único aviso del que él era el protagonista.

En la mesa del comedor, había el último mensaje que había escrito, junto con aquella botella azul… estaba preparada para ser totalmente impermeable. Después de muchos años volvía a utilizar la vitela lino de un lienzo pintado, que contenía parte de un dibujo.

En la Paya de Trafalgar:

Aquellos dos cuerpos se quedaron observando la turba de gente que se arremolinaban a su alrededor, junto con Turco, que al ver tanta gente correteaba de un lado a otro, sin que hubiese tenido la muerte tan cerca.

Aquella chica de pelo rubio y acento extranjero, dijo:

-Que feliz se ve a Turco, todos deberíamos ser un poco más como tu perro- mirando a los ojos a Alejandro.

(Continuara…)

TIEMPO

Deambulo por la vida entre un hecho de referencia

y un acontecimiento memorable…

Esos dos sucesos primarios

Es por donde transcurre esta reseña.

Con paso aletargado y pesado me acerco a uno de ellos.

Mientras tanto repaso momentos anteriores

Resonando el eco de mis pasos

como banda sonora del silencio de la calle vacía

como un díapason que marca el ritmo de esta

Necesito un buen relojero

El hecho de inicio, lo siento, no tenemos tanta confianza

El hecho final, eso sí puedo contártelo,

fue aquella sonrisa que me ofrecisteis.

Mientras tanto.

El tiempo transcurre lentamente

en la vieja relojería de Turín


(Dedicado a todos los que pasaron tiempo conmigo)

Sin ti…

En algunos lugares quieres encontrar el consuelo que da el recuerdo, pero por más que repites la orografía de aquel viaje, de aquel paseo, de aquella cita, no sirve… solo te hace daño, solo te trae anestésicos para el dolor… ya no será lo mismo

Aquella mañana te levantaste ilusionado, pero sabías perfectamente que el milagro no se iba a producir… él ya no quería saber de ti. Por mucho que insistieras, encontró a otro que le cantara poemas a la luz de la luna

Ya no nos esconderíamos de aquellas caricias en público, por el pudor de no aceptar lo que éramos… pero. ¿Con el si gritas tu amor?. Aunque me lo niegues, se que si.

Aún recuerdo como aquel payaso con móvil en mano, nos hizo fotos en ese restaurante de fusión que tanto nos gustó y que se puso a escribir a sus amigo diciendo he visto una pareja de invertidos… -que capullo-

Me acuerdo como te acariciaba el ante brazo y miraba a todos lados ocultando mi pasión, mis ganas de declarar que te quería.. tú por el contrario, estabas tenso, como una bara de olivo… casi eras un resorte apuntó de saltar. Hasta que no se por qué decidisteis, cambiar la posición de la silla y sentarte a mi lado…

¡Qué fácil hubiese sido si hubiésemos sido machirulos! Pero no, somos sólo dos chiscas, acabadas nuestros estudios que se querían. Me mirabas con aquella ternura inusitada que tanto me derretía…. Hasta para declararte mi pesar sigo secuestrada por el que dirán…

Todo esto estaba muy bien, pero yo no soy Claudia, ni tampoco Marcia… ahora tú si te atreves a pasear esa decisión que has tomado.. ¿y yo? ¿Donde quedo yo?

La palabra dada, sí, dada, porque es palabra y no hay forma humana de probarlo… ¿que hicieses con ella? Me prometiste mil y un plan que ahora exhibes en tu perfil… me robaste mi ilusión y no te importa… ¿que le digo yo ahora a mi corazón?

Por eso, solo me queda pasear por nuestra cuidad, en la que tú no estás… porque estoy sin ti, estoy sin mi…

Una noche más…

Algunas veces, las mejores historias suceden en un solo día, otras duran años; unas pocas se inventan… Esta, que aquí presento, está basada en algún escarceo de mi juventud, combinada con las ensoñaciones de un calenturiento escritor, un viernes noche no hace muchas semanas, con demasiado alcohol en el cuerpo, mucho tiempo libre y una época de sequía (en todos los sentidos). Preparasen para disfrutar

Las curvas y recurvas de aquel cuerpo enfundado en ese mini pantalón vaquero deshilachado, junto con una camiseta también cortada al ombligo, no dejaban mucho a la imaginación. Aquella pose recostada detrás de la barra, marcando sus cuartos traseros como buena jaquetona que era, a este escritor le ponía “palote”… más bien seamos respetuoso, me sentía convulso, -queda más elegante- . Sus tatuajes, aunque algo poligoneros y excesivos en tamaño, cantidad y cromaticidad, no le quedaban mal… pero lo que más me enloquece de aquella chica llamada Simón era su turgente pecho, no excesivamente grande ni diminutamente pequeño, a falta de una palabra mejor, era perfecto.

Su cara estaba tapada por la mascarilla quirúrgica que desde hace tiempo nos hacen llevar. Lo único que se deslumbraba eran aquellos ojos marrones y verdes, que conjuntaban con su melena a ratos rubia a ratos castaña de tipo rizado que caía por sus hombros. Me recordó a la típica melena de un león, pero ella tenía pinta de ser leona.

Su café era; como describirlo sin ser cruel… parecía de todo menos café, pero las vistas de aquella sinuosa figura nacida para el deseo fue la justificación de que acudiera cada viernes tarde aquel bar en las últimas semanas de abril. Nos limitábamos a intercambiar pequeños comentarios, sobre algún cliente petardo o sobre el tiempo… o eso creía la gente. La verdad aquel café del casco antiguo de la ciudad era perfecto.

Todavía no había encontrado un tema de conversación para enganchar una charla que durase más de cuatro palabras o que se despachara con un monosílabo. Me sorprendí mirándole el culo… -que indecente para el hijo de una duquesa-, pero hace tiempo que los títulos nobiliarios del abolengo de mi apellido quedaron atrás. Además fui un poco más inteligente que toda la progenie de mi rancio apellido y resolví escoger el apellido paterno de mi abuelo para pasar desapercibido, para dejarme llevar por irrefrenable deseo de la lujuria contenida en mi mente calenturienta de un maduro pasada ya el ecuador de la cuarentena.

Un par de miradas fugaces que se encontraron con mi mirada más maliciosa, perniciosa y ladina y a ella le picó la curiosidad. Siempre he destacado por ese tipo de miradas que desnuda los más profundo y libidinosos deseos de quién la recibe…

-¿Quieres algo más?- pregunto ella.

-Una bebida espirituosa estaría bien-, le respondí en un tono irónico y juguetón.

-¿Como la quieres?- dijo ella intentando hacerse la graciosa.

– En un vaso y con hielo.

-Que gracioso… no tengo tiempo para tanta tontería, ni tampoco tienes tanto dinero para entretenerme.

– En eso llevas razón. Quiero un Hanky Panky.

– No se de cokteleria, me tendrás que explicar cómo se hace.

– Te explicaría tantas cosas… – acerté a decir, pero al ver aquellos ojos que emitían que su paciencia se estaba acabando continué: -se hace con 11/2 de ginebra, 11/2 de vermut seco y tres partes de naranja.

– ¿No vas de demasiado tipo duro para este tipo de bebidas?- me contesto Simón, claro, tenía que devolverme aquel comentario tan estúpido de antes.

– Venga, si apenas me conoces, soy un cielo jajajajajajaja.

– No te pases, eres demasiado viejo para este tipo de borderias… no te pegan nada.

– Lo sé, perdona.

– Entonces… ¿qué va  a ser?

– Lo que te apetezca…. No soy delicado.

Cogió la primera botella de whiskey peleón y me lo puso con hielo. Aquel trago me supo de maravilla, diría yo que casi divino, pues la llamada de la depravación marcaba mi número de teléfono. Al volver a colocar la botella en la estantería puso una pose en la que se le entrevió el abdomen y casi el nacimiento de los senos debido aquel modelito; más típico para ir a la playa que para servir copas a guiris y acabados como yo. Lo sé, soy un viejo verde, pero me puso cardiaco. Las chicas de muslos gruesos y algo recurvos siempre me han dado mucho punto y han sacado el libidinoso ser que tengo en mi interior.

La conversación decayó, porque al maldito bar, acudieron más clientes y ella estaba obligada a atenderlos. Al pasar a mi lado mientras recogía los vasos sucios de la mesa que tenía a mi espalda, con sus caderas rozó mi brazo… Me miró de forma desafiante. En sus ojos pude leer…. -Yo también se jugar a ese juego- presentí que la tarde “pintaba a bastos” y tal vez tendría un final de relato de revista de los ochenta, donde las chicas que salían en picardías o en aquellos tangas tan sugerentes que tanto me gustan aún.

La tarde noche pasó muy lentamente y la imposibilidad de fumar en el local me causaba bastante malestar. Vi que la terraza empezaba a descongestionarse y le dije:

– Esa mesa que se queda sola, me voy a sentar fuera, puedes apuntarme allí la cuenta

– ¿Pues como no te quieras sentar con ese tío raro?, las otras mesas son del local de al lado

En esa mesa estaba sentado el típico tipo medio borracho que se quería hacer notar. La verdad, la idea no me entusiasmaba y le dije;

– Hay tres personas que me caen fatal: mi segunda exmujer, mi madre y ahora tú.

Ella no pudo evitar reírse a mandíbula abierta. Era condescendiente conmigo, algo que no dejaría de hacer para reírse de mi y darme esperanzas de que pudiera conquistarla. Me miro y supe que había un atisbo de posibilidad… tal vez la noche fuese fructífera.

No me molestó tanto, que me dejara así, tirado en mitad de la barra, sin poder salir a la terraza, pero me percaté que lo hacía por una razón… Estaba reclamando sus derechos de pernada conmigo sobre un grupo de jovenzuelas que no dejaban de mirarme. No es que sea el tipo más guapo del mundo, pero tengo mi público y mi cara de pocos amigos, mis ojos duros y serios y mi rictus enigmático, atraen a cierto tipo de jovencitas que están buscando a un hombre. Lo que no saben ellas es que este “hombre”, tiene el síndrome de Peter Pan y que de duro tengo, lo mismo que un palillo de dientes… eso sí, serio y enigmático soy, pero porque siempre fui un tanto antisocial.

Como me aburría sublimemente y no quería volver a casa ya, y la expectativa de seguir tomando era la única solución a corto plazo, volví a pedir una copa y decirle a Simón;

-Pon esa mesa lo que quieran, pago yo

– ¿Que te crees? Eso lo diría mi abuelo, fantasma… si pretendes ligar con ellas, deberías acercarte a la mesa y…

La interrumpí; – déjate, se lo que me hago-

Simón, con aquel cuerpo diseñado para el vicio, se acercó a la mesa. Me percaté que se contoneaba algo, pero la verdad; a esas alturas de la noche, hasta el andar de una vaca lechera me hubiese incitado a pensar que se estaba exhibiendo. Las risas de la mesa no tardaron en llegar y una voz suave pero con acento extranjero me invito a sentarme.

Eran tres, como “las gracias” de Rubén: más jóvenes que yo, incluso con una pequeña ecuación aritmética pude establecer que los diez años de diferencia los había, pero eso a aquellas alturas ya daba igual. Me preguntaron si hablaba francés o inglés, con una estúpida sonrisa. No sé si era una pregunta o algún juego moderno. Como siempre me he vanagloriado de mi agudeza, le respondí;

– La Lengua francesa la hablo algo, el inglés me defiendo… siempre que no sea más alto que yo (solté una pequeña carcajada). Ellas no lo entendieron, pero Simón sí. Seguía pendiente de nosotros.

La conversación fue saltando de un lado a otro, me preguntaron por mis quehaceres; les pregunte por los suyos y la verdad aquellas cuatro horas se me pasaron volando, tal vez por la compañía, pero seguro que fue por la multitud de copas que me bebí. Llegó ese punto, donde las restricciones se hacían patentes y Simón debía cerrar el bar… Ya llevaba rato sentado con mis “tres gracias” a las cuales no les prestaba el mínimo de atención, pues desde hacía hora y media hora había comenzado un juego de miradas y gestos con Simón, sobre la situación en la que me había metido. Ella no tardó en venir a rescatarme. Llegó, como llega la hembra alfa a la manada y reclama para sí al macho receptivo, sí, he querido ser más prosaico que la verdad. La verdad es que llegó y me dijo;

– Dile a tus amigas que tengo que cerrar. Tu quédate y paga lo que debes.

Tras una despedida casi abrupta, porque la verdad, ya me había cansado de ellas y después de darle un numero de teléfono que le saldría la centralita de un operador de telefonía y una dirección de email que llevaba años sin utilizar, me volví y me quedé con Simón. Echó la baraja de la persiana metálica y aquel mágico y estruendo ruido fue la señal de que la cosa se iba a poner seria.

-¿Quieres la última?

-Yo nunca digo que no a una copa gratis.

-Mira que eres imbécil

-¿Por qué?, ¿qué he hecho yo ahora?

– Era necesario que todo el mundo te viera tontear y ponerte en ridículo con esas tres guiris

– ¿Qué quieres?, no me hacías ni caso

Ella se apoyó en la barra me asió hacia su cuerpo y empezó a mordisquearme la oreja

-Eres puro veneno… salió de mi esa voz casi cuajada por el alcohol

-Y tu un borracho que huele muy bien a altas horas.

Los besos, dieron paso a un manoseo calenturiento por los dos. El aroma de ella era algo afrutado, entremezclado con el olor a bar cerrado y limpia suelos. Me encanta ese aroma a perdición, tal vez no sea muy agradable, pero para gustos colores. La fui desnudando poco a poco, hasta que la dejé solo en braguitas. Aquel cuerpo me parecía aún más espectacular sin tanta ropa y eso que ya de por si llevaba poca. Seguía manteniendo la mascarilla quirúrgica puesta… -¿me la quito?- dijo ella mientras una de mis manos se liberaba de tocar su espesa melena y recorría su cuello hasta su oreja

-Deja, ya lo hago yo.

Había visto la cara de Simón muchas más veces, pero al quitarle aquella mascarilla, la vi como era. Se apreciaba los rojeces dejados por la mascarilla, pero el conjunto de sus demás facciones combinado con sus ojos hacían que aquella cara pareciera angelical. Un súbito escalofrió recorrió todo mi cuerpo… el deseo se hacía ya patente. La volví a besar, pero esta vez, con una ternura dubitativa que exponía más mi nerviosismo de un colegial atrapado en el cuerpo de un borracho, que la de un amante con tablas… que les digo, algunas veces hasta el más seguro, tiembla y duda… Lo dicho, aquella cara angelical, escondía en realidad toda una diablesa… hecha para el deseo

Las cosas terminan como terminan y no daré más detalles. Ella es una señorita y yo, bueno,  al menos, creo que queda algo de caballerosidad en mí….

Al salir de aquel bar los dos, cogidos como dos amantes que buscan un puerto seguro para pasar la noche, ella se volvió y me dijo;

– Promete que no cometerás la estupidez de enamorarte de mí

– Claro, para eso estoy yo ahora….

Ha sido una de las pocas veces en mi vida que me ha dolido tanto mentir. Ahora no voy por su bar, su exnovio volvió y le cantó canciones de sirena al oído. Yo al menos me quedo, con aquella noche y las que le siguieron, fueron eso… una noche más…

Non título II

Eres la musa, no, mejor, eres la razón de la guerra abierta entre poetas

El verso inacabado de pura pasión

La belleza indeterminada descrita


Tus malas artes me hunden en este sin querer

Me martirizan las horas sin saber de ti

Me deprime la verdad…


Eres la responsable de esta guerra civil

Entre verso y párrafo

Entre madrugada y amanecer

No tienes sentido


A ambos lados susurras alivio

Esa lengua tuya, no te llevará a buen puerto

Eres la bandera enarbolada de la derrota

Y a la vez la mentira de la esperanza


Huye… déjame, olvídame…

No lo entiendo. ¿Por que vuelvo por más?

Engendras odio y pares venganza

belleza que no vale nada, solo apariencia

(Dedicado a la desilusión)

Ilegitimo y anónimo

Me acerco…

Se me nubla la visión, cada vez que estoy cerca de ti

Pues busco tu aprobación en tu mirada clandestina

Aprovecho el instante para quedarme pensativo,

sin sentido a las conversaciones del entorno,

Me abstraigo del mundo, se para,

solo estás tú en mi campo de visión,

Los sujetos en el espacio, desaparecen

quedamos solo tú y yo…

Me correspondes de nuevo con tu mirada…

Te sonrojas, con miedo a ser cazada por alguien

pendiente como un francotirador, ahí esta el miedo

… – bien! – gritas para  tus adentros! Nadie se dio cuenta!

Y me vuelves a sonreír, esta vez te correspondo

Me voy acercando, contando uno a uno los pasos

para terminar con el pie derecho.

Nadie se interpone entre tu cuerpo y el mío,

pero giro y cambio el rumbo de mi puerto,

y con uno de mis dedos rozo tu cuerpo,

Sientes que me estremezco, siento como te estremeces…

Me vuelvo al final de la estancia e intento enlazar palabras en una conversación

Bien sabes que no me interesas,

bien se que no me prestas atención,

pues me acabo de sumergir en mis pensamientos,

me acabo de sumergir en el recuerdo

en tu inmensa pupila en la que nado

en ese mar oscuro de lo oculto,

de lo profano, de lo socialmente prohibido,

de la más absoluta incorrección moral…

Como un azucarillo que se vierte en una taza de café hirviendo,

me mezclo con la plebe para acercarme de nuevo a ti sin ser descubierto…

… se interponen de nuevo cuerpos sin alma

que lanzan sus proyectiles a modo de discurso vacío

¡Como me aburren sus palabras! Me ves y quieres saltar a mi auxilio, pero…

te detienes de nuevo. Ahora tu miedo vuelve a vigilar

y sigues a distancia mi frustración, ¿te parece divertido?

Sabes que no llego y te pones nerviosa,

pero te acercas, rompes la barrera y me pides fuego.

Te vuelves a ir, ya más desahoga,

te has quitado el enganche…

ambos jugamos al disimulo social

ambos nos follamos en la distancia.

…mientras el mundo abría las fronteras ella se mantenía cerrada. Se vislumbraba la madrugada

Se vislumbra la primavera, las fronteras empiezan abrirse, pero en mi corazón sigue siendo víctima de su melancólico lamento, de lo que fue, de lo que es y de lo que no será.

Ayer me levante sobresaltado, pues la vision de aquel antro donde aquellas maravillosas chicas, jugaban con mi economía y me regalaban amor del auténtico, interesado; yo me anestesiaba con zumo de agua congelado mezclado con un caldo marrón al que el señor Barman llamaba escocés.

Allí estaba ella, demasiado guapa para ser actriz y demasiado lista para ser sumisa… la suerte no le acompañó jamás y era el paso natural del sino de su vida. Nació de madre alcohólica y de padre débil, entregado a la harina, pero no de esa con la que se cocina.

Me acerqué poco a poco a ella. Ya había escuchado como se despachaba a los “listillos” como yo. Les sacaba hasta los ojos en tragos Horse’s Neck. Una pizca de ginger ale y el peor brandy peleón que hubiera en aquella cava de bebidas, aderezada con unas cáscaras de limón. Era el preludio de que no iba a ser dulce, sino ácido aquel amor que ofrecía.

Me dije para mi -valentía- y como si de un extraño sortilegio se treatise encontré una pizca de orgullo.

Las palabras fueron claras, 1000 por un masaje con final feliz y 5000 por un completo. Acepte de plano, no tenia nada mejor que hacer y además mis más bajos deseos me habían llevado hasta aquel lugar de aquella ciudad de puerto en mitad del enjambre de islas del Pacífico Sur. Demasiada gente que no entendía, me daba la falsa sensación de estar bajo el manto del anonimato. Subo con ella a aquella fría u sucia habitación, si se le puede llamar así, lo único que tenia de eso, era un camastro en el que David Attenborough podría haber grabado toda una serie de capítulos sobre la fauna de aquellas sabanas amarillas y colchón andrajoso.

Me dijo, -cariño, siéntate, yo hago un baile-. No se si por lo buena actriz que era o por los muchísimos tragos que llevaba encima, me creí especial. Empezó con su contoneo, como si de una serpiente enroscada a lo escultura de Laocoonte se tratase, mi miembro se activo. Verla desnuda no fue todo lo maravilloso que esperaba, demasiado flaca, o demasiados tatuajes o demasiadas cicatrices… ¿no se? No podía apartar mi mirada de aquellas huellas que testimoniaban la vida que había llevado y que llevaba. Su sexo, aunque cuidado, era un césped que me hizo gracia y se dibujó en mi rostro una sonrisa un tanto bobalicona e infantil. Ella lo sabía… había caído en aquella tela de araña que muy sutilmente había tejido para mi.

Me dijo -negro tu guapo, párteme- aquello me hizo bastante más gracia, pues conocía las limitaciones de mi “herramienta”, -pero estas con Kim-ly, la leona dorada de asía-. Los detalles son lo de menos, pero su contoneo cuando ahorcajadas se puso encima de mi, me hizo sentirme todo un semental ganador del Derby Ascot. Eso hubiese sido gracioso, tan impropio de mi, llevarla a Ascot y ver como los grandes caballeros se asustaban con aquel quartel mille mesteño, de pura raza

Me dejo seco, aturdido y mareado, ayudó también, toda la química que había en mi ser tras tres días ininterrumpidos buscando mi límite… y fue allí cuando me di cuenta, de lo cruel que puede ser un sujeto con dinero, no con poder, sino con dinero. Ese lugar era indicado para mi.

Cuando me dijo que mi presencia ya no era bien recibida, porque debía de poner el reloj a cero, supe que era mi momento. Si ella creía que manejaba la situación, se equivocaba. El poder lo tenía yo. Lo único que siempre he tenido, “dinero por castigo”. Al abril mi bolsa de tela típica de un mochilero ella no imaginaba lo que había dentro. Billetes y más billetes,arrugados, mojados, maltratados, mezclados con ropa sucia y calcetines sudados… igual que se guarda en los bancos. En ambos lugares, el aroma del dinero es el mismo, huele a mendicidad del que no lo posee.

Como si de una película se tratase, la cubrí en una ducha al aire de billetes, de todas formas y de todas las nacionalidades, desde Dólares a Euros, desde dinares a rublos, pasando por mis queridas libras esterlinas. Con aquella declaración de intenciones cuyo primer punto era, que no venía hacer daño, sino a divertirme, la calidad del servicio y el alcohol cambió… todo fue más glamouroso dentro de la miseria de aquel tugurio de puerto asiático perdido de la mano de dios, donde Dios se llama dinero.

La noche o tarde o madrugada, no recuerdo, pues ya os digo que la química hacía de las suyas, fue espectacular y al final el Dios Morfeo hizo su aparición y por fin me entregué a sus brazos. No dormí, perdí el conocimiento.

Al abrir los ojos porque recuperé algo el sentido perdido, no aquella noche, sino en mi adolescencia, sentí el olor a cloaca y el sabor a alcantarilla en mi boca… a mi lado, ya no estaba aquel leon dorado, sino una pobre chica, llena de cicatrices, casi al borde de la desnutrición y marcada a aguja y tinta. -¿que diría mi madre, la condesa?- Aquello la verdad es que me importaba bien poco, porque tenía la ansiedad del vicioso, una mezcla entre querer más y encontrar aquel clic en mi cabeza que hiciese que se desconectara mi mente

Y al final, ella estaba cerrada, aunque por fin abrían las fronteras para salir de aquel lugar, ya la primavera no me parecía tan atractiva. Pues cuando pierdes el enfoque, lo único que queda es la depravación con la que el vicioso vividor se acompaña en su viaje vital.

Al salir a la calle, mi imprudencia con la leona había corrido como la pólvora y aunque siempre he sido precavido moviéndome en ambientes turbios, aquella vez me pase de listo. No lo vi venir y aquel navajazo rasgo como una cortina mi espalda, dejándome casi muero. Ella era ahora la que reía… -es verdad, es una buena actriz-. Me cogió mi bolsa y con un medio hombre enjuto y delgado con dientes amarillos y grandes y con un cigarro entre sus labios, esbozaron la sonrisa que viese por última vez.

Es así como acabo alguien como yo, que lo tubo todo, que no valoró nada y que no quiso a nadie… por eso, aunque las fronteras abran y ella se aquiete, la madrugada tiene que llegar. Lo último que saboree fue aquel dulzón sabor de la sangre que me venía a la boca, por la paliza que también me llevé, junto con aquella cicatriz que señalaba que una vez fui un semidiós. Por eso cuando ayer me levante sobresaltado pensando que era solo un mal sueño, era el vaticino del final…

(nota, el titulo es un Haiku cedido por mi amiga Su. Gracias por el titulo para esta sórdida entrada)