Diario del olvido (#4)

Si con las cinco primeras palabras de un texto, no puedes cautivar al lector, sino puedes llamar la atención del que te lee, poco o nada sirve lo que luego viene….

Hoy el día ha sido duro, por todo. El trajín de cualquier actividad es incesante, multiplicador… no estoy preparado para volver a vivir en sociedad. Me resulta casi hercúleo mantener la atención a lo que me dicen en los breves momentos de clama

Mi mente mientras esta ocupada en ese ajetreo, duerme, no molesta, apenas el recuerdo de La Niña de sonrisa inacabada y ojos vidriosos apenas aparece… algún recuerdo en forma de flash, pero poco más

Lo más duro es cuando ese ajetreo termina y vuelvo a casa. Intento pasar el mayor tiempo posible ocupado, para que las olas de sal y la espuma del silencio no me apague…

Hoy me he percatado que soy el hijo del hombre (René Magritte), con la mascarilla y el “uniforme” que llevo para trabajar, soy la viva estampa… apenas se me entreveía el rostro.

Andando como un zombie que persigue, no sé qué muy bien. Entré en un supermercado y después de dar mil y una vuelta, terminé al lado de los chocolates. Miré mi compra, casi anonadado por lo mecánico de mis decisiones, pues los problemas que te llevas de la tumba donde estás encerrado la mayor tiempo del mundo, te abstraen de cualquier decisión, y vi lo que era…. Lo vi claro.

Una amárgalma sin sentido dietético… “ufff, que pereza”- pensé… mire a ambos lados y vi a esos teenager avituallandose para una salida nocturna… no lo pensé mucho… dejé la compra.

Me dirijo para casa, pensando en quitarme el traje y corbata roja que hoy me he puesto. La verdad, era calvado al hijo del hombre.

Y si pensaba que todo podía ir a peor, llegó ese maldito olor a calma, que huele mi nueva casa. Olor a desinfectante y ambientador a manzana verde..: y es ahí, donde La Niña de ojos vidriosos de botella de vino, saltó y me invadió…

Tal vez me esté volviendo loco y el primer paso son estas alucinaciones. Ella quería hoy hablar… la verdad hasta para ser algo onírico, me he portado con ella como un gañan… pero no tenía ganas de nada, solo de acurrucarme en su regazo y que ella jugara con mis rizos engominados

¿Pero como se hace eso, si no es corpóreo? No lo sé, por eso llegué con ganas de discutir y termine ignorándola. Que triste.

Creo que hoy volveré a no soñar… pero eso ya lo contaré otro día

Lo siento, niña de sonrisa inacabada

Reproducción de “el hijo del hombre” autor René Magritte

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