…mientras el mundo abría las fronteras ella se mantenía cerrada. Se vislumbraba la madrugada

Se vislumbra la primavera, las fronteras empiezan abrirse, pero en mi corazón sigue siendo víctima de su melancólico lamento, de lo que fue, de lo que es y de lo que no será.

Ayer me levante sobresaltado, pues la vision de aquel antro donde aquellas maravillosas chicas, jugaban con mi economía y me regalaban amor del auténtico, interesado; yo me anestesiaba con zumo de agua congelado mezclado con un caldo marrón al que el señor Barman llamaba escocés.

Allí estaba ella, demasiado guapa para ser actriz y demasiado lista para ser sumisa… la suerte no le acompañó jamás y era el paso natural del sino de su vida. Nació de madre alcohólica y de padre débil, entregado a la harina, pero no de esa con la que se cocina.

Me acerqué poco a poco a ella. Ya había escuchado como se despachaba a los “listillos” como yo. Les sacaba hasta los ojos en tragos Horse’s Neck. Una pizca de ginger ale y el peor brandy peleón que hubiera en aquella cava de bebidas, aderezada con unas cáscaras de limón. Era el preludio de que no iba a ser dulce, sino ácido aquel amor que ofrecía.

Me dije para mi -valentía- y como si de un extraño sortilegio se treatise encontré una pizca de orgullo.

Las palabras fueron claras, 1000 por un masaje con final feliz y 5000 por un completo. Acepte de plano, no tenia nada mejor que hacer y además mis más bajos deseos me habían llevado hasta aquel lugar de aquella ciudad de puerto en mitad del enjambre de islas del Pacífico Sur. Demasiada gente que no entendía, me daba la falsa sensación de estar bajo el manto del anonimato. Subo con ella a aquella fría u sucia habitación, si se le puede llamar así, lo único que tenia de eso, era un camastro en el que David Attenborough podría haber grabado toda una serie de capítulos sobre la fauna de aquellas sabanas amarillas y colchón andrajoso.

Me dijo, -cariño, siéntate, yo hago un baile-. No se si por lo buena actriz que era o por los muchísimos tragos que llevaba encima, me creí especial. Empezó con su contoneo, como si de una serpiente enroscada a lo escultura de Laocoonte se tratase, mi miembro se activo. Verla desnuda no fue todo lo maravilloso que esperaba, demasiado flaca, o demasiados tatuajes o demasiadas cicatrices… ¿no se? No podía apartar mi mirada de aquellas huellas que testimoniaban la vida que había llevado y que llevaba. Su sexo, aunque cuidado, era un césped que me hizo gracia y se dibujó en mi rostro una sonrisa un tanto bobalicona e infantil. Ella lo sabía… había caído en aquella tela de araña que muy sutilmente había tejido para mi.

Me dijo -negro tu guapo, párteme- aquello me hizo bastante más gracia, pues conocía las limitaciones de mi “herramienta”, -pero estas con Kim-ly, la leona dorada de asía-. Los detalles son lo de menos, pero su contoneo cuando ahorcajadas se puso encima de mi, me hizo sentirme todo un semental ganador del Derby Ascot. Eso hubiese sido gracioso, tan impropio de mi, llevarla a Ascot y ver como los grandes caballeros se asustaban con aquel quartel mille mesteño, de pura raza

Me dejo seco, aturdido y mareado, ayudó también, toda la química que había en mi ser tras tres días ininterrumpidos buscando mi límite… y fue allí cuando me di cuenta, de lo cruel que puede ser un sujeto con dinero, no con poder, sino con dinero. Ese lugar era indicado para mi.

Cuando me dijo que mi presencia ya no era bien recibida, porque debía de poner el reloj a cero, supe que era mi momento. Si ella creía que manejaba la situación, se equivocaba. El poder lo tenía yo. Lo único que siempre he tenido, “dinero por castigo”. Al abril mi bolsa de tela típica de un mochilero ella no imaginaba lo que había dentro. Billetes y más billetes,arrugados, mojados, maltratados, mezclados con ropa sucia y calcetines sudados… igual que se guarda en los bancos. En ambos lugares, el aroma del dinero es el mismo, huele a mendicidad del que no lo posee.

Como si de una película se tratase, la cubrí en una ducha al aire de billetes, de todas formas y de todas las nacionalidades, desde Dólares a Euros, desde dinares a rublos, pasando por mis queridas libras esterlinas. Con aquella declaración de intenciones cuyo primer punto era, que no venía hacer daño, sino a divertirme, la calidad del servicio y el alcohol cambió… todo fue más glamouroso dentro de la miseria de aquel tugurio de puerto asiático perdido de la mano de dios, donde Dios se llama dinero.

La noche o tarde o madrugada, no recuerdo, pues ya os digo que la química hacía de las suyas, fue espectacular y al final el Dios Morfeo hizo su aparición y por fin me entregué a sus brazos. No dormí, perdí el conocimiento.

Al abrir los ojos porque recuperé algo el sentido perdido, no aquella noche, sino en mi adolescencia, sentí el olor a cloaca y el sabor a alcantarilla en mi boca… a mi lado, ya no estaba aquel leon dorado, sino una pobre chica, llena de cicatrices, casi al borde de la desnutrición y marcada a aguja y tinta. -¿que diría mi madre, la condesa?- Aquello la verdad es que me importaba bien poco, porque tenía la ansiedad del vicioso, una mezcla entre querer más y encontrar aquel clic en mi cabeza que hiciese que se desconectara mi mente

Y al final, ella estaba cerrada, aunque por fin abrían las fronteras para salir de aquel lugar, ya la primavera no me parecía tan atractiva. Pues cuando pierdes el enfoque, lo único que queda es la depravación con la que el vicioso vividor se acompaña en su viaje vital.

Al salir a la calle, mi imprudencia con la leona había corrido como la pólvora y aunque siempre he sido precavido moviéndome en ambientes turbios, aquella vez me pase de listo. No lo vi venir y aquel navajazo rasgo como una cortina mi espalda, dejándome casi muero. Ella era ahora la que reía… -es verdad, es una buena actriz-. Me cogió mi bolsa y con un medio hombre enjuto y delgado con dientes amarillos y grandes y con un cigarro entre sus labios, esbozaron la sonrisa que viese por última vez.

Es así como acabo alguien como yo, que lo tubo todo, que no valoró nada y que no quiso a nadie… por eso, aunque las fronteras abran y ella se aquiete, la madrugada tiene que llegar. Lo último que saboree fue aquel dulzón sabor de la sangre que me venía a la boca, por la paliza que también me llevé, junto con aquella cicatriz que señalaba que una vez fui un semidiós. Por eso cuando ayer me levante sobresaltado pensando que era solo un mal sueño, era el vaticino del final…

(nota, el titulo es un Haiku cedido por mi amiga Su. Gracias por el titulo para esta sórdida entrada)

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