El lápiz azul y el cuaderno añil

Clavado como una columna romana en mitad de la calle, él observaba como ella entraba en una tienda de manualidades, artículos de pintura y demás. Una tiendecita bastante atractiva, con escaparates, luminosa y bastante ordenada. Los tubos de las distintos oleos, y acuarelas, resultaba como si los propietarios hubiesen cazado al arcoíris y lo expusiesen como un león enjaulado. Lleno de complementos, como paletas, pinceles, caballetes incluso unos maniquís articulados de madera de pequeño tamaño para practicar la silueta del cuerpo humano.

Observaba con una extraña mirada entre asombrado y lo entrañable  de aquella estampa, como si de un mercado persa se tratase, el ir y venir de ella y como interactuaba con la dependienta. Al estar en la calle no podía oír lo que hablaban ni acertaba a imaginar aquella conversación… iba y venía por toda la tienda, mirando y preguntando por distintos productos. Él le pareció algo ajetreado, mareante, pensaba, – luego no comprara nada, ya verás-. Y seguía mientras tanto en un ir y venir hasta que se acercó a la caja.

Una vez realizada la compra, que ni siquiera él se percató que había comparado, ella cruzó la tienda con aquella mueca, que tanta gracia le hacía. Se fijó en que sus ojos chisporroteaban una sensación de diablura infantil, trastada inocente y emoción contenida por sorprender. No tenía él ni la menor idea de lo que a continuación pasaría…. Ese es querido lector, un momento que debéis grabar en vuestra memoria, son aquellos momentos que repasas una y otra vez cuando algo pasa, que deja paso al paso de las cosas, sin pausa del paso del movimiento, que quieres pausar, porque no hay por qué de no dejar pasar ese momento y quieres una pausa. Ella dijo;

  • Toma- le entrego un portaminas azul.
  • Y ¿esto?- dijo él de forma tosca y seca.

Ella sin perder en ningún momento la sonrisa que le caracterizaba, le dijo –es mágico. Con él pintarás cosas asombrosas y además la goma crece. Jijijiji- y esa sonrisa se escapó de su boca, llena de finas texturas de un lenguaje corporal que tiene aquel que sabe que ha sorprendido.

Él automáticamente guardó el portaminas mágico, casi sin prestarle la atención del que le dan algo y se lo guardo. Pero en su interior un sinfín de sentimientos se agolpaban en su mente y no sabía cómo gestionarlos. Acertó a decir un tímido gracias y lo dejó caer en el bolsillo, junto sus llaves.

A ella no se le notaba nada, no podría deciros sí sabía que había desarmado aquella fachada o estaba algo decepcionada por no haberle dado ni tan siquiera un abrazo. Algunas veces, se sabe actuar por decoro muy bien y la reacción es casi imperceptible. Quiero pensar que en el fondo ella sabía que él estaba muy nervioso y que no dejaba de mirarse la punta de sus zapatos, como hacen los niños pequeños cuando saben ¨que lo han pillado¨ como consecuencia de aquel nerviosismo.

Como ya he dicho, continuaron andando dirección al coche hablando y riendo, pero en la mirada de ella había algo… ya lo he dicho. Como él no conducía, ella lo dejó en casa. Aparcó y él se percató que había sido bastante torpe. Hoy tampoco la besaría, ya no tenía valor interior para acercarse. El remordimiento de no haber dicho nada ni haber sido lo suficiente agradecido, le tenía atenazado. Se despidieron y por la noche volvieron hablar por teléfono. Ella le seguía repitiendo la magia que aquel portaminas azul contenía y él seguía sin percatarse del poder que le había sido conferido.

A la mañana siguiente, decidió salir a dar una vuelta con uno de sus cuadernos de ideas. Vio el portaminas azul y pensó que conjuntaba con su cuaderno añil. Así que lo cogió y se fue. Al llegar al sitio donde solía producir, sacó de su bolsa el equipo y se dispuso a crear algo. No había escrito nunca con lápiz y además la goma del mismo crecía. Un buen invento para borrar las malas ideas y superar la técnica del tachón que en él era tan habitual.

Como fuesen las cosas, cogió aquel lápiz azul y se dispuso a dibujar algo. Todo lo que plasmaba le parece horrendo. Claro, él nunca dibujo bien. Pensó, -este lápiz no tiene nada de mágico, este lápiz es un simple lápiz.- Mientras estaba en aquel sitio recibió un mensaje de ella, para darle los buenos días. Él le dijo que estaba en su rincón de pensar y que estaba con el portaminas azul que le había regalado. Quería ser cortes

Aun siendo un mensaje se intuía lo que le constato. -¿Si? Un emoticono de emoción y seguidamente le escribió ¿y ya has pintado con él? Me gustaría que le hicieras una foto y me mandaras lo que has pintado-

Él le dijo que aquel portaminas no haría que dibujara mejor, casi apenas sabia dibujar y todas sus representaciones pictóricas parecían sacadas de la mente de un perturbado tembloroso sin trazo alguno y sin el menor sentido de la proporción, espacio….

Ella le contestó con una onomatopeya y emoticonos a su mensaje que le había hecho mucha gracia, para a renglón seguido animarle a que siguiera ¨pintando¨. Pero él seguía en su ceguera.

No sé por qué, la conversación quedo ahí y prosiguió, tomando notas y plasmando ideas. Ideas que cada vez le parecían más buenas, más acertadas, más inspiradoras. Y fue en ese mismo momento donde expreso lo siguiente;

Podrás reproducir todos los tonos cromáticos en tu paleta.

Dibujarás con acierto todas las siluetas de este paisaje.

Empero no podrás pintar la emoción provocada en mí.

….. porque contigo en mi pecho, me siento un Titán.

La cara de asombro de él quedó patente incluso para sí mismo… se dio cuenta de la magia de aquel portaminas azul y como dibujaba, pues el trazo de la grafía de las letras de aquel poema improvisado, se había convertido en la mejor ¨pintura¨ que en su vida había realizado y fue ahí, y no en otro momento, cuando la PALABRA, desde hacía ya muchísimo tiempo, pudo vencer y venció a todas la imágenes. Fue donde tomó su revancha la caligrafía y superó a la magia de pintar, lo que no sabía hacer con sus torpes trazos sobre el lienzo, lo consiguió con aquellas letras esbeltas y suaves, salidas casi de un grafista profesional.

Desde entonces, aquel portaminas azul, acompañado del cuaderno añil produjeron los más bellos cuadros hechos de trazos caligráficos y de signos de puntuación, que producirían más emoción que cualquier imagen.

(Gracias por mi portaminas azul. Se merecía esta historia)

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