Cuentos sobre el amor en Creta…

Los pasos, casi tímidos, pero pesados del viejo filósofo, se adentraban una vez más al ágora, el joven discípulo se acercaba mientras tanto con grácil paso hacia su maestro. La irrupción de este, como si del Vesubio se tratase, saco de su ensimismamiento común al viejo maestro…

-Maestro, Maestro- se apresuraba a decir su joven discípulo- He…

-Tranquilo, recupera el aliento, joven- le repuso el viejo.

-Maestro, medite anoche sobre sus palabras de la lección que nos dio a la caída de la tarde. Mientras cenaba un excelente cabrito, sobra de un sacrificio, me percate que era el amor, y…

-El viejo, lo contuvo y lo interrumpió, -¿Me dices, que mientras cenabas una excelente carne, descubriste, el significado del amor? A ver, ¿qué conclusión sacaste?

El joven, nervioso al haber captado la atención del maestro más famoso de toda la Grecia libre se dispuso a ordenar mentalmente sus ideas para comenzar su disertación. Los latidos de su corazón crecían como sus ideas en su mente. Un torrente de conceptos se embarcaban hacia su laringe, dispuesta a materializarlo a través de sus cuerdas vocales y materializándolo a través de su lengua cuando el maestro lo interrumpió diciéndole….

-Maestro -Bien sabes, que al haberme dedicado toda mi vida a la profesión de la verdad objetiva, nunca conocí el calor de un cuerpo, debes de entender que ciertos placeres me han sido negados por los dioses y mi opinión puede, aunque no te lo creas, ser más objetiva que subjetiva.

-Lo comprendo Maestro- repuso el joven discípulo- pero es cierto que para saber que es el amor se debe de haber experimentado. Yo como bien sabe, estoy enamorado de la joven Calíope, de su voz aterciopelada de su sonrisa pícara, de sus ojos almendrados, de  sus cabellos marrones como el color del monte Creta….

-Bien- repuso el maestro, pero….

Lo interrumpió abruptamente su joven discípulo, -comprendo que es el amor, porque estoy enamorado, porque no concibo un día sin observarla, porque el sólo anhelo de encontrarme con ella y verla ya me produce gozo, porque esperarla en los puestos del mercado me produce una vitalidad que hasta podría derrotar a Hércules. Eso es el amor. Amor por verla, amor por cuidarla, amor por entregarme… eso es el amor, Maestro.

Un gran suspiro, inundo la distante extensión, que si físicamente era corta, mentalmente suponían codos, varas,  estadios, leguas y días de camino de distancia entre el Maestro y el discípulo. Con el mismo aire que debía de asombrarse, lleno sus pulmones dispuestos, a explicarle que era el amor. Medito un instante, que a su joven discípulo le pareció toda una eternidad.

Conocía el discípulo, de lo perspicaz que era la mayéutica de su viejo maestro, pero no podía vaticinar, ni en un millón de años, la respuesta que le iba a dar…

-Querido alumno, ya que has meditado sobre ello y has sacado tus conclusiones, te diré que el amor, el amor es recuerdo.

-¿Cómo?- repuso el joven discípulo

-Sí, recuerdo.- dispuso el maestro. – El amor no es sino otra, que recuerdo, el cariño o la pasión, son imágenes o alucinaciones de nuestra mente que nos produce una falsa sensación de amor, por el contrario, el recuerdo es más puro. Nos lleva a sentir el por qué, el cómo y el cuándo  de ese sentimiento. Amar, como todo en esta vida, se aprende por propia iniciativa o por qué no, con nuestra experiencia… Intentar explicar un sentimiento, cuanto menos, es una empresa imposible, porque como comenté en mi discurso de días pasados, al ser subjetivo nadie podrá estar en la verdadera posesión de la verdad o la certeza indiscutible…

El alumno, contrariado y frustrado, interrumpió a su maestro, – que va a saber del amor  un hombre que nunca conoció calor humano, se equivoca maestro. Dio un paso y continúo su camino un tanto frustrado….

El Maestro por primera vez en muchos años, se ahogó  en un profundo silencio taciturno. Un tanto dolido por la verdad incuestionable del alumno, se propuso seguir con su meditación… Era consiente que el amor, como la belleza, es algo subjetivo. Que sin la experimentación de él, no tendría la suficiente autoridad para definirlo… pero aun sin haber gozado de las mieles del contacto, del roce del cuerpo, del calor humano en una noche fría,

Pero no era sincero consigo mismo ni con los que vieron como pronunció sus votos, había aquel recuerdo de amor inconfesable por timidez…el mismo recuerdo que en su juventud le hizo traicionar su inquebrantable castidad, que en algún momento atormento su mente…. Que hizo que en la soledad de su alcoba se deleitara con aquel mismo instante que acaricio, si bien de forma imperfecta, lo que era el amor. Tras esto, continuo con su apesadumbrado caminar en dirección a la costa…. Sabía que llevaba razón.

Conclusión…

El amor, es recuerdo, porque recordar por qué surgió, es la cuestión de continuar en ese estado. El amor no es tangible, es un estado. Permanecer en él, solo se consigue recordando por qué se produjo. En mi caso fue fortuito, y como tal, después de una vida aún sigo en estado shock, pues no he olvidado porque me enamoré….

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